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Erika Prado

Sor Raymunda

La novicia colgaba muerta del barandal en el pasillo del último piso, giraba con los ojos abiertos atada por el cuello con un cordón que tenía tres nudos. Unas semanas atrás, al ingresar al convento, le había sido dado por la madre superiora como parte de su hábito, debía ceñirlo a su cintura con tres nudos que representaban los votos de pobreza, castidad y obediencia. 

 

Llegó al lugar llevada a la fuerza por su padre, que al enterarse que mantenía amoríos con un joven poca cosa para ella, pensó en recluirla en el convento. De esta forma no podrían burlar las reglas del lugar como lo hacían en casa y jamás volverían a verse, finalmente consagraría su vida a Dios, su autentico esposo.  

 

Sin ninguna posesión, poder de decisión y saberse separada de su amado, decidió colgarse, sin saber que llevaba en el vientre el producto de los arrebatos carnales con su amor prohibido y acababa, al suicidarse, con la vida de ambos. 

 

Ahora, cien años después, el edificio que fue convento es ocupado por una escuela pública para señoritas, ahí las estudiantes afirman que en momentos de confusión, cuando más desubicadas se encuentran, aparece una monja, las escucha con calma y ofrece consejos evangélicos para regresar al buen camino, pone en sus manos un rosario que, asegura, cuidara de ellas o las hará pagar si agradan o no al señor. 

Publicado la semana 2. 12/01/2019
Etiquetas
Solo y a oscuras
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Género
Relato
Año
I
Semana
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