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Erika Prado

Un día cualquiera

Entró a la casa y notó un rastro enorme que iba de la cama a la cocina, estaba también en el baño y la sala, todo el ambiente olía a gas nafta mezclado con un toque dulzón, podrido.

Se dejó caer al sillón, cerró los ojos y poniendo las manos sobre sus rodillas trató de calmarse con una serie de respiraciones profundas y pausadas que fueron interrumpidas de tajo por entrar a su mente flashazos de una escena, era ella misma luchando en la cama con un hombre sobre ella que la estrangulaba con un fino alambre que laceraba la piel del cuello con cada movimiento. Se levantó de un golpe y corrió al cuarto intentando asegurarse de que eran visiones sin sentido pero al abrir la puerta su cuerpo estaba ahí, tendido, lleno de sangre, decapitado. Se horrorizó y quiso tocarse para sentir una vez más que no era cierto, apretó sus muslos con ambas manos y al bajar la mirada al piso, junto al buró vio su cabeza que, sin cuerpo, se alejaba del charco de sangre y se arrastraba dejando a su paso el rastro amarillento y fétido que invadía el lugar.

Contempló inmóvil su cabeza deslizarse por la casa, siguiendo la rutina de una noche cualquiera, embarrando todo a su paso. Dicen que cuando la muerte es tan violenta y repentina no te das cuenta que moriste.

Publicado la semana 13. 25/03/2019
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Yo te ando buscando. Santa Sabina , El soundtrack de mi vida , En cualquier momento
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