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DanielHR

El castillo

La luz entraba a raudales a través de las celosías dibujando en el suelo maravillosas formas. Mientras tanto, en el exterior, se escuchaba el entrechocar de las armas y las risas de los soldados que tomaban parte en el entrenamiento. Sentado frente a su escritorio, el rey permanecía absorto en la lectura.

Un grito de alarma le sacó de su sopor. Al instante, uno de los vigías irrumpió en la sala y, entre jadeos, se derrumbó a los pies del monarca.

-¡Mi señor! -exclamó el soldado con el rostro lívido-. ¡Nos atacan!

Alarmado, el rey se dirigió a las murallas. Lo que vio desde allí casi le hizo perder la razón: una horda de demoníacos guerreros, montados sobre terroríficas bestias de guerra, marchaban en dirección al castillo arrasando todo a su paso. Los campesinos que huían buscando la protección de la fortaleza fueron tragados por aquella anárquica tropa y los pocos que consiguieron llegar hasta sus puertas fueron asaeteados sin piedad por sus perseguidores.

Decidido a hacer frente al enemigo, el propio monarca se apostó en las almenas junto a sus caballeros. Estos permanecían expectantes a sus palabras, dando muestras de un considerable valor. A pesar de lo desfavorable de la situación, ni uno solo abandonó su puesto.

-Los derrotaremos con ciencia -dijo el rey calmadamente. Y acto seguido ordenó que el recién creado cuerpo de arcabuceros se situase justo delante de los arqueros.

Sin embargo, en su rostro podía adivinarse la preocupación. ¿Aguantarían las puertas la embestida de aquellos monstruos? Ni Dios podía saberlo.

El enemigo estaba a pocos metros del castillo. Solo debía esperar un poco más para dar la orden de ataque.

-¡Fuego! -gritó el rey por fin mientras sus capitanes reorganizaban las líneas. El humo se elevó sobre las almenas junto los alaridos de las bestias que habían recibido el impacto de los perdigones.

Pero aquellos diabólicos seres no se detenían ante nada. Y pasando por encima de sus moribundos compañeros, hicieron saltar por los aires las pesadas puertas de la fortaleza. El rey sintió que se le helaba la sangre. ¿Qué clase de hechizo habían empleado para hacer algo así?

-¡Abrimos brecha! -oyó decir a lo lejos a una de las criaturas-. ¡El castillo es nuestro!

Todo parecía perdido. Pero en aquel momento, los cuernos de guerra comenzaron a resonar por todo el valle...

-Es hora de merendar, Álex.

-Hace un rato que terminé con los ejercicios del cuadernillo. Por favor, déjame seguir jugando un rato más, mamá -suplicó el niño.

-Cuanto más tarde meriendes, menos ganas tendrás después de cenar. Además, esta noche iremos a ver las hogueras y tendremos que estar en la playa temprano, ¿recuerdas?

"¡Las hogueras!" pensó Álex entusiasmado. Entre ese plan y el que había ultimado con sus primos para ir a la piscina al día siguiente, la batalla por el destino de la fortaleza tendría que posponerse al menos una tarde más. Pero aquello no le importó: entre helados, noches de cine y heroicos combates, tenía por delante todo el verano.

Publicado la semana 70. 03/05/2020
Etiquetas
Verano, Fantasía, Niños
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