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DanielHR

El Mariscal

Juramos servir a vuestro abuelo y cumplir sus órdenes hasta las últimas consecuencias. Fue él quien sentó las bases del Imperio, convirtiendo su sala del trono en el centro del mundo. Con él a la vanguardia del ejército, la tierra temblaba bajo nuestras botas y no hubo territorio que no reclamásemos como propio. Por eso muchos vimos con tristeza su decadencia y posterior abdicación, hasta el punto de que nos obligó a permanecer en nuestros cuarteles en un momento en que teníamos la obligación de estar a su lado.

»Nuestra juramento de fidelidad era sagrado. Por eso aceptamos a vuestra abuela como regente, pero nunca entendimos las medidas que tomó para asegurar las fronteras de nuestro país. No solo la capital fue trasladada, sino que el ejército fue completamente reorganizado y su liderazgo se repartió entre vuestro padre y su detestable hermano. Fue el comienzo de la guerra civil. Mis ojos se empañan de lágrimas cuando pienso en aquellos trágicos días. Entenderéis, Excelencia, mi pesar al recordar cómo tuvimos que enfrentarnos a los que hasta entonces habían sido nuestros camaradas. Varios de los que cayeron bajo mi espada habían sido condecorados por mí apenas unos años antes. El día que vuestro padre se impuso y expulsó a vuestro tío del reino fue el más feliz de nuestra vida. La reconciliación era cosa hecha y ante nuestros ojos se abría un nuevo camino que, si bien incierto, recorreríamos juntos de nuevo.

»Y así fue. Bajo su glorioso mando, vuestro padre lideró la mayor campaña de conquista que el mundo haya conocido. Llevamos su estandarte hasta lejanas tierras y combatimos contra enemigos muy superiores en número. Conocimos a formidables adversarios, vimos ponerse el sol tras los senderos que llevaban a otros reinos, sentimos la lluvia repiquetear sobre nuestros chacós, forjamos alianzas con otros ejércitos cuyas tradiciones se perdían en el tiempo, rompimos corazones de mujeres y cabezas de hombres... Y justo entonces sucedió lo impensable. De nuevo fuimos desmovilizados y obligados a regresar a casa.

»Hoy, en la ceremonia de abdicación de vuestro padre, ponemos nuestras armas y disciplina a vuestra disposición, esperando ser dignos de la confianza que depositaron en nosotros vuestros insignes predecesores. Hoy renovamos nuestro juramento. Hasta que vos decidáis prescindir de nosotros... ¡Henos aquí, Majestad!».

—¿No es demasiado pequeño para disfrutar de un regalo así? —preguntó su mujer preocupada.

—Descuida —contestó él al ver la enorme sonrisa de su hijo mientras sacaba los soldaditos de la caja y comenzaba a ponerlos en orden de revista—. Estoy seguro de que se divertirá jugando con ellos casi tanto como yo.

Publicado la semana 69. 26/04/2020
Etiquetas
Soldado, Juguete, Juramento
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