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DanielHR

Buscando un relato ganador

Cuando Diego se enteró de que el ayuntamiento de S*** convocaba un certamen literario, no dudó ni por un momento que el premio sería suyo. Así sin más. Entonces Diego no pensaba que, aparte de él, habría otros aspirantes con la misma idea en la cabeza, muchos de ellos incluso con un nivel superior al suyo. Cuando somos jóvenes, solemos ver las cosas con optimismo y hasta la noticia más negra palidece ante la despreocupación propia de la edad. Pues bien, Diego no es que tuviera una visión especialmente optimista de la vida, sino que su inconsciencia ante la misma alcanzaba lo proverbial.

La mañana que Diego descubre la nota de prensa con las bases del premio, se lanza a encontrar una historia sobre la que escribir. No debe ser tan complicado. Después de todo, sus profesores del colegio siempre le dijeron que tenía talento para la redacción. Pero por más que le da vueltas, no encuentra un tema adecuado. Tal vez un relato de fantasía épica sería una buena opción... ¡No! ¡Demasiado vulgar! Tiene que ser algo original y que rompa moldes. Pero ahora mismo no puede pensar en ello. Es la hora de comer y la olla en la que está preparando su almuerzo empieza a despedir un desagradable olor a quemado.

Mientras lava los platos, Diego sigue dándole vueltas al certamen... Tal vez podría escribir sobre ese grano de arroz que acaba de deslizarse por los agujeros del fregadero... ¡El viaje de un grano de arroz! ¡No, demasiado simple! Suspira con impaciencia y mira la hora. Otra vez volverá a llegar tarde a clase. De nuevo tendrá que dejar los platos por lavar.

En la facultad, Diego no hace más que pensar en su historia... Lanza una mirada distraída hacia la segunda fila, donde se sienta Ana, la chica que le gusta. ¿Y si escribiera sobre ella? No sería tan descabellado... ¡Sí, Ana y él serán los protagonistas de su cuento!

Cuando Diego llega a casa, el concurso de relatos sigue siendo su principal preocupación. Ya tiene los personajes, ahora sólo falta construir un argumento convincente. Pero otra vez tiene que dejar de lado la idea, ya que tiene un examen al día siguiente y debe ponerse a estudiar.

Durante la larga noche de estudio, son varios los pensamientos que pasan por la cabeza del estudiante: la dulce sonrisa de Ana, la estúpida cara del profesor, la cantidad de páginas que tiene que memorizar para mañana... Seguramente terminará por suspender el examen. Con todo, todavía piensa en la satisfacción que le producirá ganar el dichoso concurso. Le gusta pensar que tiene talento para la literatura, pero se siente incapaz de desarrollar una historia. Su mente está en blanco. Es como si no tuviera nada que contar. Por otro lado, la sola idea de escribir un relato le supone un esfuerzo terrible, sentimiento que da paso a la pereza. En resumidas cuentas: escribir la cosa más tonta le cuesta horrores, y sin embargo, sueña con tener un diploma colgado en la pared que atestigüe su éxito literario. ¿Qué clase de escritor es?

Decidido a averiguarlo, y dando el examen por perdido, retira los libros del escritorio y coge algunas cuartillas. "De esta noche no pasa" se dice mientras golpea los folios sobre la mesa. Todavía no tiene nada claro, pero confía en que, conforme vaya escribiendo, sus ideas vayan tomando forma.

Empieza con un "Ana estaba sentada en la segunda fila. Sus ojos negros se posaron directamente sobre los de..." Disgustado, en seguida deja de escribir. ¿"Posar"? ¿Qué tipo de verbo es ése? Tal vez quedaría mejor "dirigir"... No, demasiado técnico, casi de ensayo. ¿No sería mejor dejarlo como ésta? Después de todo, no está tan mal. Relee la primera frase diez veces y la repite para convencerse de que está bien, de que ha sabido utilizar las palabras correctas. Todavía no ha terminado de leerla por vigésima vez cuando tacha todo lo que ha escrito. Uhm... no es un buen comienzo.

Traza una línea divisoria entre el borrón y el resto del papel y vuelve de nuevo a la carga. Con letra pulcra y elegante escribe "Diego observó con tristeza cómo los ojos de Ana se negaban a encontrarse con los suyos..." ¡Ahora sí que ha dado en el clavo! "Es una frase estupenda" piensa con orgullo. Y como cree que ha hecho un buen trabajo y se merece un premio, deja el bolígrafo a un lado y enciende el portátil con intención de ver un capítulo de su serie favorita. Con un comienzo así de bueno, la historia se escribirá sola.

Apaga el ordenador convencido de que ha sido el mejor capítulo de H*** que ha visto en su vida. Ahora toca ponerse de nuevo con el relato. ¿Cómo podría continuarlo?

Escribe una frase más. Y otra. Pero hay algo en ellas que no le convencen. El tufo a novela rosa se huele a kilómetros. ¿Acaso ha perdido la inspiración tan pronto? La cuidada caligrafía del comienzo se está convirtiendo en algo parecido a un jeroglífico. No, escribir sobre Ana no es una buena idea.

Trata de escribir un relato de misterio sobre un arqueólogo atrapado en una pirámide. Todavía no ha escrito dos líneas cuando el folio ya está en la basura. Ahora lo intenta con un niño que le tiene miedo a la oscuridad... hasta que termina cogiéndole rabia al crío y a toda su descendencia.

Decididamente, la frustración es superior a él. Resopla de impaciencia. Enfadado consigo mismo por haber perdido toda una noche de estudio, está a punto de apagar la luz del escritorio e irse a la cama cuando una idea atraviesa su mente. Puede que sea algo estúpido pero... ¿por qué no? No tiene nada que perder.

Sonriente, vuelve a sentarse ante el escritorio, empuña con mano firme el bolígrafo y escribe: "Cuando Diego se enteró de que el ayuntamiento de S*** convocaba un certamen literario, no dudó ni por un momento que el premio sería suyo..."

* Sugerencia para la lectura: Léase escuchando Stamping Ground, de Moondog.

Publicado la semana 58. 09/02/2020
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Relato, Escritor, Esfuerzo
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