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DanielHR

El presagio

—Llegarán muy pronto a través del mar, en sus extrañas casas de madera impulsadas por el viento. Se internarán en la selva y nos someterán —dijo sombríamente el aprendiz de brujo ante la reprobadora mirada de su maestro.

Un murmullo de inquietud se elevó entre los miembros de la tribu que asistían al Cónclave, pero ni este ni el hechicero parecieron prestarle atención.

—Me lo han dicho las gaviotas. Ellas han estado más allá de donde se pone el sol, allí donde el mar se confunde con el cielo. Les han visto cargar sus pertrechos en las bodegas. Han escuchado el estruendo de sus cerbatanas de fuego y el rugido de sus monstruosas bestias de caza, las cuales acabarían con nosotros en un instante. Si no vamos a la guerra, desapareceremos como el agua de lluvia drenada por la tierra húmeda. ¡Está escrito en el cielo! ¡Me lo han dicho las gaviotas!

Ante el revuelo general, el Cónclave tuvo que llamar al orden, momento que fue aprovechado por el hechicero para tomar la palabra.

—Me temo que mi joven amigo ha perdido el juicio —dijo en tono condescendiente.

—¡No me he inventado absolutamente nada!

—No, claro que no —respondió el maestro con altivez—. Por favor, deja de ponerte en evidencia. ¿O acaso insinúas que los dioses te han otorgado el don de la clarividencia? ¡A ti, a un simple aprendiz que apenas ha abandonado la protección de sus padres! ¡Qué sabrás tú de lo que te susurran las gaviotas y de los designios de las estrellas! ¿Qué tontería es esa de las tierras del horizonte? Nuestros dioses saben que no hay más tierra que esta. ¿Quién en su sano juicio querría guerrear con nosotros? ¡Los seres más perfectos de la Creación! ¡Los dueños del mundo! Ya ni siquiera hay clanes rivales contra los que luchar. Nada más vernos aparecer entre la espesura, nuestros enemigos huyen aterrados. Así ha sido siempre y así ha de suceder. ¿Por qué ese empeño en negar nuestra paradisíaca existencia y sembrar la discordia entre tus hermanos?

El Cónclave dio por terminada la reunión. Ni siquiera consideró necesario retirarse a deliberar. Poco a poco, el pueblo también se dispersó y dejó solo al joven aprendiz en mitad de la jungla. Apesadumbrado, se encaminó hacia la playa mientras las primeras sombras de la noche caían sobre el mar, El viento removió suavemente su plumaje pero, lejos de dejarse llevar por el rumor de las olas, su mente se había sumido en la inquietud. Como había predicho, pronto los primeros exploradores humanos aparecerían en la lejanía trayendo consigo sus ansias de destrucción. Y con ellas el fin de la ilustre estirpe de los dodos.

Publicado la semana 45. 10/11/2019
Etiquetas
Selva, Tribu, Hechicero
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Relato
Año
I
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