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DanielHR

La cena

–¡Mario es un hombre tan maravilloso, Jaime...! –suspiró Raquel mientras se llevaba la copa de vino a los labios.

–¡Oh, sí! ¡Seguro que sí! –contestó él sonriendo.

–Se licenció en Económicas a los veinticuatro años y luego se metió en Historia, ¿sabes? Consiguió sacar la carrera año por año y no hace mucho regresó de una excavación arqueológica en M***.

–¿En serio? ¡Qué interesante!

–Como lo oyes. ¿Y sabes qué? Durante el tiempo que estuvo allí, aprovechó para terminar su primera novela. ¿Ya las has leído?

–No, todavía no, aunque me gustaría mucho hacerlo. Y dime, ¿en qué anda metido ahora?

–Está estudiando un Máster de Gestión de Patrimonio y otro de Estudios Medievales, ambos en la universidad de A***. Conociéndole, seguro que ya tiene la mente puesta en el Doctorado.

–Verdaderamente es un tipo admirable.

–Sí, es alguien increíble. ¡Y me hace sentir tan especial! Cuando estoy junto a él, siento que nada malo puede pasarme.

–Claro.

–Pero dejemos de hablar de Mario. ¿Qué has hecho tú en todo este tiempo?

–Todavía no he terminado la carrera –respondió Jaime poniéndose serio por primera vez–. Estuve algunos años fuera de la universidad. No podía costearme la matrícula, ¿sabes?

–Ya... –dijo Raquel mirándole con suficiencia.

–Me sentía mal por tener que pedirle dinero a mis padres pero, ahorrando un poco de aquí y otro de allí, este curso por fin he podido retomar los estudios. Si todo va bien, es posible que me licencie dentro de dos años. No puede decirse que pensara estar así a estas alturas de mi vida, pero... –en ese momento, el timbre del horno anunció que la comida ya estaba lista–. ¿Me disculpas un momento? Parece que el rosbif ya está –dijo Jaime levantándose de la mesa.

–Lamento lo de tus problemas –dijo Raquel–. Si necesitas ayuda, puedo pedirle a Mario que te haga un préstamo o algo así. Ya sabes que es incapaz de negarme nada.

–No te preocupes –contestó él mientras volvía al salón y empezaba a servir la cena–. Las cosas me van muy bien ahora. ¿Recuerdas cuando me pedías que te ayudase con las lecciones de Química en el instituto?

–Eras un “profe” desastroso –río ella divertida–. Oye, ¡qué bien huele! –exclamó fijándose en la bandeja–. ¡Y qué bien presentado! ¿Pero no deberíamos esperar a Mario? No es propio de él llegar tarde –murmuró mientras miraba el móvil.

–Tranquila, estoy seguro de que vendrá muy pronto.

–Está bien –contestó ella mientras trinchaba la carne y se llevaba el tenedor a la boca–. ¡Oh, esto está buenísimo!

–¡Gracias!

–Si este año las clases no te van muy bien, igual deberías plantearte ser pinche de cocina en un restaurante. Siempre tuviste muy buena mano para estas cosas.

–Eres muy amable –respondió Jaime–. ¿Te gusta de verdad?

–En serio, está delicioso... Las especias le dan un toque oriental irresistible. ¡Qué rico! Ahora que me acuerdo, ¿te he contado que el año pasado Mario me llevó a Estambul? Pues resulta que...

Jaime no dejaba de sonreír a Raquel y asentía complacido ante cada bocado con el que interrumpía su monólogo. Puede que Mario fuera un capullo integral, pero no cabía duda de que era un cadáver exquisito.

Publicado la semana 39. 29/09/2019
Etiquetas
Cena, Canibalismo, Criminal
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