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DanielHR

Cygnus

Ante la fría mirada de su madre, sus hermanos se habían abalanzado sobre él propinándole una brutal paliza. Con el rostro lleno de moratones y antes de que pudiera recibir el último golpe, consiguió escabullirse entre los juncos que crecían a las orillas del río. Allí dio rienda suelta a sus lágrimas. Pero el dolor iba más allá del consuelo que estas pudieran proporcionar. Sus lamentos eran tan sobrecogedores e inaudibles como solo podían serlos los de alguien que había nacido mudo.

En la distancia, sus hermanos todavía reían y se regocijaban por lo que acababan de hacer. Su madre les felicitaba e incluso les estaba prometiendo ir a por unas golosinas.

Pero él no estaba dispuesto a soportar más humillaciones. Puede que fuera distinto a los demás, que tuviese problemas para hablar correctamente o que no pudiera nadar con elegancia... Pero de una cosa sí que estaba seguro: no era ningún tonto. Por eso aquella tarde se había expuesto de esa manera. Aun a riesgo de que aquella fuera la última paliza. De ninguna manera podía continuar así.

Era temporada de caza. Las risas de sus hermanos resonaban por todo el valle. Nadie excepto él escuchó el sonido de unos pasos internándose en la maleza.

Cinco disparos acallaron aquellas risotadas. Ni uno solo de los patos levantó el vuelo.

Entre los juncos, y con el cuello todavía destrozado por los picotazos, el Patito Feo se dejó llevar por la corriente del río. Puede que aún faltasen algunos años para que se convirtiese en un hermoso cisne, pero por fin era libre y ya nunca más volvería a vivir con miedo.

Publicado la semana 18. 05/05/2019
Etiquetas
Andersen, Pato, Maltrato
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Género
Relato
Año
I
Semana
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