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DanielHR

Palestina

Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida. La lluvia nos hace recordar que todos somos iguales, tanto dentro como fuera del muro. Da igual quién seas. Hay días en los que me pregunto cómo sería ver caer la lluvia desde la ventana de un rascacielos o bajo el tejado de una casa en la campiña francesa.

A mi mujer le encanta viajar. A mí, en cambio, me produce mucha desidia. Solo con pensar en la cantidad de trámites que tienes que hacer para sacar el pasaje y en las preguntas que debes de responder, ya te dan ganas de quedarte en casa: "¿Motivo del viaje? ¿Algo que declarar? ¿Sabe que no puede llevar equipaje de mano? ¿Me permite ver su historial? Lo siento, permiso denegado"... No hace mucho estuvimos en América. Eso fue antes de que construyeran el muro, cuando todavía se podía entrar y salir del país. Después de todo, ¿quién no ha soñado con visitar Nueva York? La experiencia fue bastante desagradable. Nada más aterrizar, nos retuvieron durante cuatro horas en el aeropuerto. Y de nuevo las impertinentes preguntas: "¿Para qué y por qué han venido?". Aquello nos convenció de que nuestro lugar no estaba allí, sino aquí, rodeados por una prisión de cemento. Como ellos antes que nosotros.

A veces me pregunto si volveré a ver cómo cae la lluvia más allá de las montañas...

Publicado la semana 101. 06/12/2020
Etiquetas
Racismo, Muro, Israel
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Relato
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II
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