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Cati Cobas

Pancho, el incomprendido

Esta es la historia de dos barrios muy muy viejos y de Pancho, el incomprendido.

Panchito estaba en el barrio de Las Latas desde siempre. Le parecía haber nacido con el adoquinado roto y los farolitos, que colgaban de los cables enredados bajo el cielo azul. Haber sido creado a partir de la paja de los techos y el adobe de las paredes de los ranchos. Quizás por eso nadie lo miraba demasiado o, tal vez, el problema era otro. Porque Pancho tenía un problema. ¿Saben? Un serio problema de comunicación. Él creía que hablaba claro y limpio. Que cuando decía "nube" todos entendían esa cosa algodonosa que andaba por arriba y a veces tapaba el sol o se disfrazaba de ovejita. Pancho creía que si decía "flor", sus vecinos iban a crear en sus cabezas el color, el perfume y la alegría y si decía "viento", todos iban a pensar en el gallito del techo de Doña Chola, la dueña de la casa de la esquina. Ésa que llamaban "La de la Veleta".

La realidad, la triste realidad, era distinta, pobre Pancho. Él decía "perfume" y a todos les olía a riachuelo podrido, "integridad" y se entendía "mezquindad", "delicia" y todos pensaban en la peor comida del mundo.

Pancho estaba cansándose. Y pensando en mudarse a otro barrio porque para él, el problema lo tenían los habitantes de Las Latas. Él sabía muy bien lo que decía y lo que sentía y cuando decía "nube" era éso y no otra cosa… ¡Qué tanto!

Una noche, cansado de que todos lo miraran de costado o desde arriba, fue a ver a Domitila, una negra gorda que vivía en las afueras de Las Latas y que tampoco era muy bien vista por ahí.

-Decime, Domitila…¿Vos sabés qué pasa conmigo y la gente del pueblo? ¿Por qué no me entienden? ¿Por qué todo lo que diga los hace mirarme mal o como si fuera sapo de otro pozo?

-Es que sos sapo de otro pozo, Panchito. Vos no naciste en Las Latas sino en Las Prímulas, más allá de la vía del tren y de la ruta. Pero te trajeron acá tan chiquito que te pensás que éste es tu lugar desde toda la vida- dijo Domitila tratando de ser lo más dulce posible.

-¿Por eso nadie me entiende…?- respondió Pancho, con un gesto de tristeza apenas insinuado.

-¡Por eso, m'hijo!- respondió la negra, tratando de acompañarlo en la pena.

Pancho fue a su casa y armó el atadito con las cuatro pilchas que tenía y comenzó a caminar despacito para el pueblo de donde nunca debió haber salido.

Las Prímulas le pareció un lugar de ensueño, con sus techos de tejas, sus veredas limpias y sus faroles que brotaban prolijitos del terreno sin cable alguno que los conectara, por lo menos en apariencia.

Panchito se sentó en un banco de la plaza y la gente comenzó a rodearlo y a preguntarle cosas. Lo mejor fue cuando Pancho se dio cuenta de que él decía "nube" y todos entendían esa cosa algodonosa que andaba por arriba y a veces tapaba el sol o se disfrazaba de ovejita. Decía "flor" y sus vecinos creaban en sus cabezas el color, el perfume y la alegría y si decía "viento", todos pensaban en el gallito del techo de Doña Berta, la dueña de la casa de la esquina. Ésa que llamaban "La de la Veleta".

Pancho respiró. Aunque había vivido en el lugar equivocado, ya nunca más sería incomprendido. Lo suyo era un problema de ubicuidad y se había solucionado definitivamente…

Fue recién después de unos cuantos días que Pancho se encontró con Pepe. Se pusieron a conversar. Pero a Pancho, nada de lo que decía Pepe le gustaba. Sus oídos y su corazón escuchaban de Pepe solamente palabras desagradables. Fastidio, envidia, desazón, angustia…¿Qué pasaba? Pepe parecía un tipo de palabras sanas, sin embargo…

Un día, Pepe desapareció de Las Prímulas y dicen que dicen los que saben que lo vieron consultando a la gorda Domitila en las afueras de Las Latas.
¿Alguien puede decirme si pudo averiguar qué se dijeron? Sería bueno que pudiera contarlo y que todos lo entendiéramos…¿Cierto?

Cati Cobas

Publicado la semana 34. 25/08/2019
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