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Cati Cobas

“Y como si esto fuera poco…” Caticrónica de un desengaño

Ignoro si en otros sitios los vendedores ambulantes suben a los colectivos. Aquí, cada vez menos. Aunque sí los hay (en muchos casos improvisados a partir de la crisis y la necesidad de llevar el pan a sus casas) en trenes y subtes, a montones.

Pero yo hablo de aquellos que hacían de la venta ambulante una verdadera profesión, que empleaban un histrionismo a toda prueba, logrando capturar la atención de los ensimismados pasajeros, así como su comprensión y alguna sonrisa aderezados con frases hechas pero no por eso menos efectivas.

Hace pocos días subió al ómnibus uno de esos dinosaurios. Era un vehículo lleno de gente con aspecto desencantado y una mueca triste en los labios, como si pocas ilusiones y dinero les quedara en los días previos a fin de mes. Me había tocado el asiento que enfrenta a los pasajeros así que podía ver la escena desde detrás del escenario.

El actor, perdón, el vendedor, comenzó a realizar la demostración del uso de un mágico aparatito en el que se colocaba el ojo de la aguja y enganchando el hilo en una palanquita, éste aparecía enhebrado mágicamente. No se trataba del clásico enhebrador metálico sino de un prodigio de ingeniería. De un maravilloso y original descubrimiento para cualquiera que se viera en la necesidad de dar una puntada.

“¡Cuántas  veces, señora!- dijo el vendedor dirigiéndose a mi- ¡Cuántas veces ha estado usted  esperando a un nieto para que le enhebrara la aguja!” ¡Atrevido! ¡A mí que no tengo nietos y todavía me las ingenio para enhebrar hilos y sueños!

Igual sonreí. El vendedor era persistente, convincente y mostraba el objeto con un ingenio maravilloso. Todos contemplábamos el hilo, la aguja y admirábamos la facilidad con la que hacía su faena. Alguna broma por aquí, alguna sonrisa por allá y todo el colectivo embelesado hasta el golpe de gracia consabido: “Y como si esto fuera poco…” Ahí salió un cartoncito con agujas. Todo por el módico precio de veinte pesitos… ¿Qué son veinte pesitos, señora, señor?

Transigimos. Creo que casi todos nos fuimos con veinte pesos menos, el aparatito novedoso y las agujas. El  encantador de serpientes se arrojó del vehículo a toda prisa.

Hace una semana que intento vanamente que el dichoso enhebrador enhebre algo. Y las agujas estaban oxidadas en la unión con el cartón.

En fin…basta la salud.

Cati Cobas

Publicado la semana 14. 01/04/2019
Etiquetas
Hauser - Adagio , La vida misma , En cualquier momento , Eterno cazador
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Género
No ficción
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