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Berthy Cantillo ©

El sueño de los falsos dioses

Dormía aquel día como si nunca fuera a despertar, entre yo y mi manera de dormir había un vacío temporal en el que me perdía como si el mundo en el que vivo se sumergiera en las venas del pasado.  Ahí, entretenida entre tanta confusión veía una plaza hecha de piedras que cortaban y la luna brillaba como si tuviera luz propia, olía a tierra húmeda, mojada por los orines de los lobos nocturnos. Aquel lugar estaba lleno de curiosos,  de lejos podía escuchar la voz de una mujer de cuya boca salían palabras que eran como espadas afiladas manchadas de la sangre de los  mortales que estaban reunidos. En sus ojos pude ver el deseo que tenían en quemarla viva.

Mi curiosidad se encendía como el carbón al fuego, que distorsionaba mi prudencia. Me acerqué a escuchar lo que decía, pues la angustia se gesticulaba en su rostro como si tuviera hambre, pero no de comida sino de justicia. Ella alzaba su cabeza cual mujer elegante y abría sus labios con agudeza.  Mientras miraba aquella multitud les decía con voz firme como quien lanza una maldición contra su enemigo:

“Todos ellos han caído en sepulcros blanqueados y mientras vivían se hicieron necios  proclamándose a sí mismo dioses, se inventaron un poder que no tenían suprimiendo a los pobres, a los faltos de entendimiento y a los faltos de espíritu hambrientos de paz y justicia. Se creyeron poderosos tan solo porque un día dieron muerte a un miserable valiente que se atrevió a profanar sus templos.

Falsos dioses, queriendo reinar firmaron alianzas con la muerte y sin darse cuenta le han rendido culto y han doblado sus rodillas ante ella. Están condenados y sin saberlo han cavado sus propias tumbas pensando que sería el lugar de su trono, han querido reinar en un cielo que no era suyo, que no crearon, en el que no sabían ni siquiera el camino para llegar a él.

Quienes han osado seguirles y rendirles culto a esos dioses hechos con sus propias manos y enseñado sus falsas historias como verdaderas, sus leyendas vacías de sentido común e inventado mitos cargados de mentiras, de ilusionismo barato que embelesan los cerebros de eruditos avanzados en su propia civilización, cuya mayor gloria ha sido la que se han forjado ellos mismos,  profanan  su juicio y su razón. Ellos, serán condenados bajo la mano del verdadero Dios que no ha podido ser contemplado por los ojos de los mortales.

Vástagos podridos! Después de haber conocido la verdad, habéis vuelto a la mentira y la besasteis hasta fornicar con ella.  Habéis soñado el sueño de los falsos dioses y habéis fracasado. Vuestra gloria durará lo mismo que el árbol que ha nacido de noche, pero que al salir el sol  sus hojas se queman y su raíz se seca”.

No entendía la furia de sus palabras y mientras intentaba hacer un esfuerzo por comprenderla, ella rasgaba sus vestidos y dejaba ver su desnudez. Sus pechos parecían dos frutos grandes y maduros de un peral, sus piernas firmes y largas como las ruinosas columnas del gran templo griego de Zeus y su ombligo era tan profundo como una copa  burdeos. Me embelesaba su belleza, la que no veía hasta que sus pieles falsas la dejaron al descubierto.

De repente, vi salir entre la multitud a un hombre alto, de barbas abundantes, cabello rapado y de pies ligeros que desenvainaba su espada y como si tuviera alas voló hacía ella, cerré los ojos para evitar ver la tragedia que me suponía, pero no escuché un solo ruido.  Después de unos segundos que parecían horas,  lentamente abrí mis ojos porque me abrumaba tal silencio; y como si fuera un sueño despertaba dentro de mis sueños para confundirme aún más.

Vi entonces como de mi cuerpo se abrían unas grandes alas que me elevaba tan alto como las estrellas; mis ojos se hicieron como lunas gigantes, convirtiéndose en cámaras satelitales en los que pude observar a cada país y nación como compartían los mismos dioses y rendían culto a ellos.  Quise saber quienes eran esos ídolos para no sufrir la ira de aquel Dios que mencionó la mujer que veía en mis sueños, y me asusté; pues yo misma poseía un altar en mi casa que sin saberlo le ofrecía sacrificios a un falso dios.

Me asusté, y con el mismo miedo me desperté y escribí lo que había visto, lo conté para que todo el mundo lo supiera y entonces cuando hube terminado parecía que me salvaba de mis culpas, y de repente, vi salir entre la multitud a un hombre alto, de barbas abundantes, cabello rapado y de pies ligeros que desenvainaba su espada y como si tuviera alas se abalanzó hacía mí, cerré los ojos y me volví a dormir aquel día como si nunca fuera a despertar.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 1. 07/01/2019
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Sueños inquietos e insomnios dispersos., sueños
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