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Andbenedetti

Carta suicida

Todos los días tengo la sensación de estar haciéndolo  todo mal, es como si me levantara por la mañana sin nada más que hacer; solo respirar, comer, dormir, pensar, tengo tanto que hacer y no tengo la concentración, me falla la vista, me tiembla el pulso, el sueño me consume, no quiero nada, me da fastidio todo, todos, no quiero que me hablen y sin embargo busco conversación, me siento un parásito que nada aporta más que lamentos constantes y tengo la impresión de ser una carga para mis amigos, no tengo familia: La he perdido y esto sin embargo es el mejor consuelo, porqué ¿Qué dirían ellos de mi ahora?

Me frustro y me siento vacío, me siento apenado por escribir esto y a la vez liberado, es como un exorcismo en el que el peor demonio soy yo mismo, o esta mente enferma o estas ganas de salir corriendo para llegar a ninguna parte.

Siento que cada día es una perdida de tiempo y no me mal interpreten, tengo tanto que hacer que me agobio, es casi tan difícil y terrible como saberme en frente del escritorio sin otra cosa que hacer, más que contemplar la pantalla en blanco de mi computador.

Esto, ¿Qué es? ¿Un diario tal vez? ¿Para quién?

Llegan las fiestas, el ambiente allá afuera se llena de alegría, nostalgia, celebración, un poco de todo y de nada, en un mes habrán olvidado aquel propósito que tuvieron o aquella meta que se pusieron. A principios de este año yo soñaba – Si, soñar es lo único que hago- porque ninguno de los pasos que doy me lleva a ver esos sueños convertidos en realidad, son espejismos fáciles entre un montón de mentiras que me cuento para creer que soy un poco más de lo que en realidad creo ser: Las mentiras de mi vida.

No tengo un propósito, he desperdiciado mis mejores momentos con personas terribles, polvos mediocres, charlas inútiles, momentos incómodos y aun así ante tanto que he hecho o he dejado de hacer, tengo la sensación de nunca haber hecho nada.

Todos los días tengo la sensación de estar haciéndolo  todo mal, es como si me levantara por la mañana sin nada más que hacer; solo respirar, comer, dormir, pensar, tengo tanto que hacer y no tengo la concentración, me falla la vista, me tiembla el pulso, el sueño me consume, no quiero nada, me da fastidio todo, todos, no quiero que me hablen y sin embargo busco conversación, me siento un parásito que nada aporta más que lamentos constantes y tengo la impresión de ser una carga para mis amigos, no tengo familia: La he perdido y esto sin embargo es el mejor consuelo, porqué ¿Qué dirían ellos de mi ahora?

Me frustro y me siento vacío, me siento apenado por escribir esto y a la vez liberado, es como un exorcismo en el que el peor demonio soy yo mismo, o esta mente enferma o estas ganas de salir corriendo para llegar a ninguna parte.

Siento que cada día es una perdida de tiempo y no me mal interpreten, tengo tanto que hacer que me agobio, es casi tan difícil y terrible como saberme en frente del escritorio sin otra cosa que hacer, más que contemplar la pantalla en blanco de mi computador.

Esto, ¿Qué es? ¿Un diario tal vez? ¿Para quién?

Llegan las fiestas, el ambiente allá afuera se llena de alegría, nostalgia, celebración, un poco de todo y de nada, en un mes habrán olvidado aquel propósito que tuvieron o aquella meta que se pusieron. A principios de este año yo soñaba – Si, soñar es lo único que hago- porque ninguno de los pasos que doy me lleva a ver esos sueños convertidos en realidad, son espejismos fáciles entre un montón de mentiras que me cuento para creer que soy un poco más de lo que en realidad creo ser: Las mentiras de mi vida.

No tengo un propósito, he desperdiciado mis mejores momentos con personas terribles, polvos mediocres, charlas inútiles, momentos incómodos y aun así ante tanto que he hecho o he dejado de hacer, tengo la sensación de nunca haber hecho nada.

Publicado la semana 2. 12/01/2019
Etiquetas
Relatos, Sentimientos, suicidas, despedida, nostalgia, reflexión, amargura, vida
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