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Alejandro P. Drallny

Paseando por Bly Manor (un comentario sobre "La maldición de Bly Manor")

De paseo por Bly Manor.

 

Como no podemos salir consumimos series. Miramos una y otra y orientamos nuestro consumo según los consejos de Netflix (que cambiando las carátulas nos ofrece a todos el mismo producto y nos quiere hacer creer que tiene recomendaciones personalizadas), o según el consejo de nuestros amigos, o según el ranking de los diez más vistos en la semana. Además, nuestro consumo digital incluye sitios de noticias y redes  infectados de eso que llaman hype y que años atrás era runrun o barullo. 

Así llegamos a tener expectativas de ver La Maldición de Bly Manor como si fuera a ser la más grande adaptación de la obra de Henry James jamás filmada. No es así.

 

Otra vuelta de tuerca.

 

“The Turn of the Screw” es según algunos un cuento largo, y según otros una novela corta. Según unos un cuento de fantasmas, según otros una indagación psicológica. El mérito de Henry James es nunca definir el género ni el formato, ni dar explicaciones. Se mueve muy cómodo en la ambigüedad. Este recurso aparece también en otras obras del autor: en El fantasma que pagaba alquiler, nunca llegamos a tener una explicación de la naturaleza de los hechos que se describen. En Los amigos de mis amigos, la persona que relata afirma que sus amigos ven fantasmas (ella no los ve). Además, el relato es presentado por otra persona que duda de la veracidad de la historia. 

Cuando se presentó la serie La maldición de Bly Manor, Netflix y la prensa en general la mentaban como una adaptación de Otra vuelta de tuerca y aquí es donde deberíamos empezar a separar la paja del trigo. 

La serie de Mike Flanagan puede ser considerada una adaptación de la obra de Henry James tanto como “Guildenstern y Rosencrantz han muerto” de Tom Stoppard podría ser considerada una adaptación de Hamlet. Tomar los personajes y algunas de las situaciones puede ser adaptar, pero muchas veces las reescrituras y ampliaciones de los arcos argumentales y de los personajes dan como resultado obras distintas. Sobre todo distintas en cuanto a la visión del mundo que la obra propone.

 

El universo moral

 

Henry James tenía una visión particular de los personajes femeninos, y muchas veces eran mirados desde la imposibilidad de entenderlos. La racionalidad no era un atributo que les prodigase demasiado. La damita de sociedad americana Daisy Miller, era una jóven inconsciente arrastrada a la degradación llevada por su propio impulso. La institutriz de Bly Manor lleva su fanatismo (o su enfermedad mental) al punto de matar (o no según como se lea) a uno de los niños que debe cuidar. La protagonista de Los amigos de mis amigos rompe su compromiso porque sospecha que su novio la engaña con una mujer fantasma. Los personajes de Henry James viven en un mundo donde las explicaciones se quedan cortas. Hacen de su vida lo que pueden. 

Flanangan toma decisiones completamente diferentes. Pero primero excusemos al guionista y director de promesas que jamás nos hizo. 

La Maldición de Bly Manor no es presentada como una adaptación de Otra vuelta de tuerca, sino como una obra basada en los trabajos de Henry James. Ahí es donde los espectadores deberíamos haber ajustado nuestras expectativas. Si nosotros vamos a comprar un chocolate, y terminamos llevándonos una barra que dice “golosina a base de cobertura de chocolate” no podemos culpar al quiosquero sino a nuestra falta de atención. Nadie nos ha mentido. Bly Manor es una reescritura de muchos argumentos de Henry James, salpicados con unos cuantos tópicos recurrentes de su obra. Así la institutriz, de la cual poco se dice en el libro, se convierte en la joven americana inexperta (como en Daisy Miller,, El retrato de una dama, Las alas de la paloma). Se cita a Owen Wingrave (del cuento homónimo). Y se toma como núcleo de la explicación de la supuesta “maldición” de Bly Manor, la historia de La leyenda de cierta ropa antigua. Por medio de un trabajo de cortar y pegar se intenta crear un universo coherente.

Esto no siempre resulta. Algunos personajes entran y salen de la trama como un ruedo mal cosido en un saco, a veces aparece, a veces no. Pero este problema, que muchas series tienen, no es el que más dificulta el relato. El mayor inconveniente es, como decía más arriba, intentar construir un universo moral a partir de elementos que no encajan en esta nueva visión.

Henry James, vuelvo a decir, propone una mirada ambigua. Muchas veces se duda de la veracidad de los hechos que se relatan. Nunca llega a haber un juicio definitivo sobre nada de lo que se dice o suceda. Sobre todo, nunca puede afirmarse que efectivamente estemos ante hechos sobrenaturales.

Pues hete aquí que Flanagan se dirige exáctamente en la dirección opuesta.

La maldición de Bly Manor es una historia de fantasmas. Es más, es una historia atiborrada de fantasmas como si se tratara de una atracción de parque de diversiones. En cada ángulo de la mansión hay algún ente agazapado. En este Bly Manor no hay lugar para la duda. Son fantasmas y por algo están ahí. Eso no sería en sí un problema sino fuera que Flanagan necesita dotar a sus criaturas de propósito y de conflicto. Entonces la cosa se pone más complicada. 

Volviendo a Henry James, en El fantasma que pagaba alquiler, el protagonista nunca llega a saber que pasaba en la mansión, ni porque la mujer se hace pasar por fantasma, ni siquiera quién es la mujer. En la obra de Flanagan tenemos que asistir a a la presentación de todos y cada uno de los fantasmas, conocer brevemente su historia desgraciada y entender sus motivaciones. Llega un punto en que se nos pide que seamos empáticos aún con el personaje que es la causa última de la maldición. El problema es que si tenemos que ser comprensivos y amables con todos los personajes, no podemos ver el conflicto. Al final todos y cada uno es presentado como la víctima de las circunstancias. A eso se le suma la necesidad del producto audiovisual de ser multitarget. Así Viola, no es solamente una hermana envidiosa como era en La leyenda de cierta ropa antigua, para convertirse en la víctima del heteropatriarcado del siglo XVIII. Su enfermedad y su ira la convierte en un fantasma asesino, pero justificado por sus circunstancias. Peter Quint (el cochero seductor de Otra vuelta de tuerca) pasa a ser una víctima del abuso infantil, la institutriz sufre por saberse queer en un mundo heteronormativo. Al final del relato todos tienen una cuota de sufrimiento asignada como para que nos den pena parejo. 

Pero Flanangan tiene la cura, y la cura es el sacrificio. 

Si algo estaba ajeno en la obra de James era cualquier atisbo de redención, no así en Flanagan. Sus personajes tienen que ser liberados, salvados. Tanto en su muy libre (pero más entretenida) versión de Hill House, como en Bly Manor, existe un personaje femenino que va a inmolarse para salvar a los demás. 

En Otra vuelta de tuerca, la institutriz mesiánica era mostrada como una enajenada, quizás como una infanticida. En la adaptación de Flanangan, no sólo que ningún niño muere, sino que además, la institutriz se carga el fantasma primigenio y toda la maldición encima para salvarlos. Junto con los niños, son liberados también todos los otros fantasmas. Así vemos a un personaje como Peter Quint, en condiciones de ascender, cuando en el original no pasaba de ser o bien el fantasma de un degenerado, o una construcción hecha a partir de las fantasías de una reprimida sexual.

 

Hay otros problemas en la adaptación, por ejemplo la repetición de los mismos recursos narrativos una y otra vez (por ejemplo la capacidad de los fantasmas para poseer), la incoherencia en la lógica de los personajes (de pronto Quint encuentra respuestas “conversando” con los otros fantasmas, cuando antes se los describió como sombras que habían olvidado su propio ser antiguo), el abandono abrupto de líneas argumentales (el fantasma del prometido viajó de América a Londres y después se fue por la tangente) y el abuso del voice over entre otros.

 

Conclusión

Hay muchas adaptaciones de la obra de Henry James. Si quieren pueden arrancar por The Innocents con Deborah Kerr, o ver la versión española de Eloy de la Iglesia. Y sino busquen el libro. Es corto, se lee en una tarde, y tardás menos que lo que te lleva ver la serie completa.

 

Publicado la semana 97. 03/11/2020
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