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Alejandro P. Drallny

Por qué cocinamos pan

Marzo de 2020. Ayer la radio dijo que el ochenta y siete por ciento de las escuelas del mundo están cerradas. Los diarios no hablan más que de la epidemia del coronavirus covid 19. Las redes sociales están infectadas. Algunos periodistas hablan de infodemia como si la información fuera también un virus. Mientras escribo esto, en mi cabeza resuena Laurie Anderson cantando “Language is a virus”

Y sin embargo, otro tipo de información circula junto a nuestra obsesión (justificada) con el coronavirus. Fotos y fotos, enormes cantidades de megapíxeles dibujando lo mismo: panes.

Nos hemos lanzado mundialmente a amasar y a cocinar como si la Revolución Industrial no hubiera sucedido nunca. Hoy la radio dijo que en los supermercados falta la levadura. Los portales de noticias a los que estamos suscritos, además de prescribirnos rutinas de gimnasia, nos insisten en que debemos aprender a preparar masa madre. Yo mismo tengo sobre la mesada de la cocina, un frasco hermético, donde toda una colonia de fermentos vive una vida excitante y efímera.

Las panaderías no han cerrado. Hoy no es dificil conseguir pan, como puede llegar a serlo conseguir un repuesto para un enchufe o una canilla. Y sin embargo ahí estamos, afanándonos en crear una rutina de armar el bollo al mediodía, amasar por la tarde, hornear a la noche y comer a la mañana. ¿Qué buscamos con esta fiebre de amasar?

Buscamos estabilidad, buscamos paz, buscamos un lugar sereno. Buscamos la infancia. Sino la nuestra, la de la civilización. Estoy seguro que la mayoría de nosotros no ha visto más pan que el de la panadería o el supermercado. Pocos habran tenido una abuela que armara el amasijo en una batea bajo un arbol del patio (esa imagen me viene de una canción folclórica, yo nunca la vi). Sin embargo hoy estamos amasando y horneando como jamás antes.
    Siempre he sido un hombre práctico y poco inclinado al misticismo, sin embargo, hoy estaría dispuesto a creer que tenemos algún tipo de memoria histórica, o de conciencia en común que nos lleva a buscar un pasado seguro en tiempo de incertidumbre. Hoy estamos espantados y preocupados, y volvemos a buscar en nuestro origen un poco de tranquilidad. A buscar una rutina que organice nuestro tiempo, una tarea que gaste nuestra energía, un olor reconfortante que nos tranquilice. 

¿Buscamos todo eso en el pan? ¿Por qué no? El pan está con nosotros desde que aprendimos a dominar las plantas. Desde que partimos la tierra en parcelas y construimos ciudades. Desde que miramos el cielo y fantaseamos astronomías y religiones. El pan y su hermana la cerveza, nos marcan el final de lo salvaje y el comienzo de la civilización, o como dijo Claude Levi - Strauss, lo crudo y lo cocido.

¿Cuánto durará esto? No lo sabemos. Disfrutemos del olor del pan mientras tanto. Y pensemos que si esto se extiende, tendremos que aprender a construir un tanque y empezar a fermentar cerveza.

 

Publicado la semana 66. 30/03/2020
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