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Alejandro P. Drallny

Olores (2)

La ciudad de Buenos Aires era para mi,

un conjunto de olores que tenía el epicentro

en el Barrio de Boedo, más precisamente

en la Calle Castro, al once treinta y dos.

 

El núcleo de la casa era para mí el armario

donde la abuela guardaba la cubertería,

en el pequeño comedor del fondo. Frente

al baño y a los dormitorios. 

 

Olía a madera y a humedad (como todo

Buenos Aires huele húmedo) y también

a exploración y picardía, a estudiar que 

animales eran el pingüino* o el sapo carocero.

 

El resto de la casa también tenía olores, 

a diarios viejos, a libros y a colchones

de lana. A tesoros viejos traídos de Rusia, 

un samovar y una valija con fotos.

 

Tres cuadras más allá por la avenida

el negocio de mi abuelo era un satélite

del mundo que se abría generoso.

Carteras y valijas, el taller, la marroquinería.

 

La vejez, la enfermedad y las mudanzas

se llevaron todo eso. También las crisis. 

Hoy nos queda poco de ese tiempo: los olores

de cuero y humedad. Los libros, el pingüino.

 

 

 

* En la Argentina se llama "pingüino" a un tipo de jarra de cerámica para servír el vino que tiene la forma de este animal. Solía estar acompañado de un sapo, también en cerámica que se usaba para recoger los carozos de aceituna.

Publicado la semana 63. 09/03/2020
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Género
Poesía
Año
II
Semana
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