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Alejandro P. Drallny

Algunas preguntas después de ver "Joker"

¿Es acaso “Joker” una obra maestra?

Si revisan la enorme cantidad de tinta (o de bytes) vertidos en torno al estreno de “Joker” (Todd Phillips 2019) puede llamarles la atención, como me sucedió a mí, la facilidad con la que diversos críticos y comentaristas la califican como obra maestra. Sin duda es una película meritoria, pero no llegó a conmoverme como parece haberlo hecho con muchos espectadores, ni creo que sea ni muy remotamente, lo mejor que hayamos visto hasta ahora en el año.

 Lo que sí me provocó, no tanto la película como todo el hype generado a su alrededor, es una serie de interrogantes sobre cómo definimos el arte cinematográfico, y, en el caso de que acordáramos algún parámetro, si esta obra entraría en ese canon.

¿Es o hay arte en el cine?

¿El cine es arte o es un entretenimiento de feria? Para los pioneros del cinematógrafo la diferencia no era clara, si es que alguna vez se lo plantearon. La ventaja de los pioneros es la falta de antecedentes y parámetros. Se puede tomar un elemento nuevo y probarlo de las maneras más diversas. Piensen en un formato reciente como el video para ser consumido en Youtube: Cuando comenzó (no tan atrás en el tiempo, en 2005) podíamos estar horas viendo en un loop eterno, como si fueran la próxima gran cosa, al gordo que cantaba Numa Numa. Hoy tenemos géneros y reglas muy claras y hasta carreras de creación de contenido digital. El formato se ha cristalizado, las posibilidades de experimentación se redujeron

.Algo parecido sucedió con el cine. Heredó parte de su estructura narrativa del teatro, pero las posibilidades técnicas abrieron nuevas posibilidades expresivas como el montaje, o el uso de diferentes planos. Apenas treinta y dos  años desde la aparición del invento de los hermanos Lumiere, ya se había creado la Academia de artes y ciencias cinemátográficas, para establecer que debía ser destacado y qué no. Si había un arte, había unas determinadas normas.

Por otro lado, a pesar de la aparición de una “academia” (con la capacidad de otorgar premios que reconozcan la maestría de una obra), todavía subyacía la idea de arte en el sentido de excelencia técnica. No ayudaba a la idea del cine como arte autónomo el haber nacido (como también sucede con la fotografía o el comic) ligado a la posibilidad que daban las máquinas de replicar infinitamente un objeto. Lo que genera un conflicto con uno de los elementos que se utilizan para definir lo artístico. Lo que nos lleva a otra pregunta

Pero al fin y al cabo, ¿de que carajos hablamos cuando hablamos de arte?

La idea de arte en occidente suele ser definida por la presencia de una serie de elementos en el dispositivo al que llamamos objeto artístico. Como si se tratara de un manual de diagnóstico psiquiátrico, hemos convenido una serie de rasgos que no necesariamente deben estar todos presentes, pero cuando muchos de ellos se manifiestan, aceptamos el estar delante de un hecho artístico.Alguno de los elementos podrían ser:

-la independencia de la obra de cualquier utilidad.

-la intención comunicativa (la obra supone un espectador).

-la intención expresiva del autor.

-la singularidad de la obra. (Los objetos artísticos deben ser únicos, o en el caso de las artes de representación, la experiencia del intérprete y el espectador deben ser diferentes cada vez)

 

 La singularidad de la obra maestra desaparecía para siempre a finales del siglo XIX. Si bien en las artes plásticas existian las posibilidades de la reproducción de imágenes a través del grabado, había unas reglas (numeración de las series, destrucción de las placas originales) que limitaban la repetición infinita. Esto termina con la aparición de la fotografía y luego el cine que a diferencia del teatro, donde cada función es única e irrepetible,  es un collage de cristalizaciones montadas en una secuencia. Todas las veces que veamos “Lo que el viento se llevó” asistiremos al mismo mohin de Scarlett y al mismo desprecio de Rett Buttler. No hay posibilidad de variantes.

Un objeto copiado y repetido no era visto como arte. De hecho, en nuestra habla cotidiana conservamos expresiones que nos muestran nuestro desprecio por la reproducción mecánica. Llamamos a algo repetido, gastado y remanido un cliché sin recordar que originalmente este término designaba a la plancha tipográfica.

El cine no era arte. La idea de cine arte o cine de autor aparece luego de Grifith, Von Stroheim, Dreyer, Eisenstein o Buñuel. Y quizás allí es donde empecemos a encontrar un punto para hablar de “Joker”

¿Pero, “Joker” es una obra de cine de autor?

No.

Ok, y ahora, ¿podrías ser un poco menos perezoso y desarrollar?

Joker es una obra que oculta su dimensión de producto empresarial. Toma una conjunto de rasgos de obras anteriores (que si eran insignias del cine de autor), los combina, y los distribuye a una generación que no ha visto los antecedentes. De manera muy astuta los mercadea como una experiencia singular que no es. Desde la ubicación temporal a la selección del reparto, parece haber una gran astucia. Todo está dispuesto de manera estratégica. 

Joker es una obra donde el casting es cuidadoso en seleccionar actores que han hecho personajes muy parecidos a los que interpretan aquí. Phoenix vuelve a ser un marginado. Frances Conroy por enésima vez es la (aparentemente) dulce anciana con un pasado turbio. Sin duda las interpretaciones son muy buenas y convincentes, pero nos traen un sabor conocido. Lo mismo sucede en la puesta en escena: Joker no oculta sus referencias sino que las expone y explota inteligentemente. No conforme con citar a Taxi Driver o El Rey de la Comedia, convoca a Robert de Niro. Reproduce con notable eficiencia las dos secuencias de persecución más famosas de Contacto en Francia (el juego de gato y ratón en el metro, y el tránsito debajo del puente) Usa el viejo logo de Warner y la tipografía de los títulos nos refiere al New Hollywood de los 70’s. Pero su similitud con ese cine no va más allá de lo formal. Se parecen tanto como un mueble de estilo a una antigüedad. Las formas se parecen, pero los materiales y la técnica no.

Por otra parte, hay otras cuestiones que pueden analizarse en torno a la elección de la estética y la época en la que ubica la acción. Todd Phillips habla del pasado para hablar del presente, saltándose las restricciones actuales sobre lo que se puede o no decir. En algunas entrevistas, el director y guionista dijo que había abandonado la comedia como género porque los tiempos de “corrección política” se habían vuelto demasiado restrictivos. Llegó a afirmar que el movimiento “Woke” mataba la comicidad. Para evitar las críticas sobre el contenido violento, sitúa la acción en un contexto donde el cine estilizaba la violencia sin complejos. Pero va un poco más lejos en detalle no tan evidentes. En la puesta en escena (impecable por cierto) de Ciudad Gótica muestra muchos cines en los que se exhiben películas. No solamente nos permiten ubicarnos temporalmente (1981) sino que nos muestran películas como Las locas aventuras del Zorro (Zorro and the Gay Blade). Una comedia, como esta, de un género que podríamos llamar “burlarse del marica”, hoy sería casi imposible de producir y estrenar por parte de un estudio de los llamados “majors”

¿Qué es al fin y al cabo Joker?

Cine sin duda. Muy entretenido. Nada inocuo, de ninguna manera ingenuo. Pero tampoco llega a tener el peso de crítica política que tuvieron en su momento títulos como Network (que también es citada). Usa la violencia como recurso estético, pero sin llegar al uso poético que le daba Takeshi Kitano en Sonatine, Hanna Bi o Outrage. No llega tampoco a ser irónico como Tarantino. Joker es un muy buen producto comercial para el consumo rápido, que utiliza giros y temas del cine de autor. Pero no es cine de autor. Comparándola con comida, Joker es una hamburguesa Signature Collection de McDonad’s. Es mejor que la hamburguesa promedio, se vende como cuisine, pero no lo es. Solamente toma algunos elementos de otro lenguaje y los integra.

Pero, como pasa con las hamburguesas, saber todo eso no impide reconocer que es un producto sabroso.

 

Publicado la semana 44. 31/10/2019
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