21
Alejandro P. Drallny

¡Carne! (Un folletín criminal) Entrega final.

Ustedes podrán pensar que soy un miserable, un criminal, un desalmado o un estúpido, pero hay que ver lo difícil que puede ser conseguir un abogado defensor cuando todos a tu alrededor dicen la palabra “narco”. Terminamos con el defensor de oficio, que era un muchacho tan voluntarioso como inexperto. Hablaba como pidiendo disculpas, y usando muchas más palabras de las necesarias, me dio a entender que, o bien Carola era una peligrosa traficante de opioides que había matado a su socia, o era una tarada que había quedado en el medio, a la que iban a usar de cabeza de turco.

Volví a casa para encontrarme con mis hijas acurrucadas frente al televisor. El único momento en que me dirigieron la palabra fue para reclamarme que, como era un inútil, no tenían cena, y que no había logrado sacar a Carola de la cárcel.

Tenía la sensación de que la solución estaba cerca pero que no llegaba a verla. La epifanía me llegó por la radio. Estaba en mi tallercito del garage tratando de concentrarme en algo, cuando escuché una propaganda ridícula de la distribuidora “Ke Fi@mbre”. Entonces todo tuvo un sentido diferente para mi: no éramos más que carne. Claudio, Carola, su amiga, mis amigos, yo mismo. Carne para congelar, serruchar, incinerar, o para ponerle prótesis. Si ya habíamos logrado deshacernos de un cadáver y de un crimen, ¿que nos impedía hacerlo de nuevo? Después de todo, ¿cuanto tiempo se podría sostener la acusación contra Carola si no había cuerpo?

Gabriel, Pablo, Cristian y Daniel estuvieron dispuestos. —Carola siempre me pareció una imbécil, pero es tú imbécil, así que conta conmigo—, dijo Daniel. Agregó después que todos eran de la misma opinión.

Conseguir una ambulancia, batas de médico y entrar en la morgue judicial fue facilísimo. Nada que no se pueda agilizar con algún dinero. Además las cámaras de seguridad funcionan solo en las series.

Descuartizar y quemar a Daniela fue un trabajo mucho más sencillo que el de Claudio. El único momento desagradable fue cuando tuvimos que pedirle a Pablo que dejara de tocarle las tetas al cadáver. Por lo demás, como dice el refrán “coser y cantar, todo es empezar” : a las pocas semanas Carola estaba en casa, y mis amigos y yo  teníamos un trabajo nuevo. Somos prolijos, limpios, tenemos un nicho en un mercado que se desarrolla pujante.

El que dijo que el crimen no paga, estaba equivocado. Paga muy bien.

 

Publicado la semana 21. 21/05/2019
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
21
Ranking
0 33 0