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Alejandro P. Drallny

Dos películas sobre las relaciones familiares.

The Wife (2017).

Dirección de Björn Runge. Con Glenn Close y Jonathan Pryce.

 

En 1994, en “Bullets over Broadway (que sería una de sus primeras películas post Mia Farrow, y quizás una de sus últimas películas ingeniosas) Woody Allen ponía en la boca del personaje interpretado por Diane Wiest las siguientes palabras: “Write me a vehicle”.

El dramaturgo fracasado interpretado por John Cusack se encontraba así en el dilema de tener que confrontar su limitada capacidad artística con las demandas de una prima donna. Sospecho que algo similar debe haber sucedido en la concepción de “The Wife”. La película en sí, termina siendo un bodoque insustancial, armado para el lucimiento de Glen Close, que aprovecha para exponer una buena parte de los recursos de los que dispone. Últimamente, el cine  anglosajón nos ha dado una buena cantidad de películas donde sus monstruos sagrados, hacen exhibición de sus herramientas. Tanto Meryl Streep como Glen Close han aparecido en películas que son mercadeadas como la próxima gran cosa, y no pasan de un envoltorio colorido.

The Wife falla sobre todo por su guión de manual. Tiene la estructura clásica de tres actos separados por dos giros de guión. Dura exactamente una hora cuarenta minutos. Más o menos cada media hora se produce la sorpresa. Durante los dos primeros actos, la película se sostiene, más que nada por las actuaciones de Jonathan Pryce y Glen Close. Contenidos, van dando pistas sobre que sucede bajo la superficie de la tranquilidad del matrimonio. El resto de los personajes es pobre y esquemático en su concepción. El hijo de la pareja oscila entre lo bobo, y lo emocionalmente inmaduro. El biógrafo interpretado por Christian Slater, va y viene, demasiado consciente de que su única función es hacer progresar la trama. 

Cuando llega el segundo giro de guión, no hay casi sorpresas, y la película desbarranca en una exposición de lugares comunes dignas de Hallmark Channel (no se si este canal todavía existe, pero era pródigo en películas irremediablemente malas). La pretendida exploración de un matrimonio y sus secretos, sus acuerdos y desacuerdos, termina siendo insípido. Todo está a la vista, subrayado, destacado, sin ninguna sutileza. Los personajes carecen justificación para sus decisiones. La posición en la que se coloca el personaje de la esposa, apenas se explica. Se pretende mostrar hondura psicológica pero apenas nos asomamos a unos garabatos infantiles.


My Happy Family. (2017)
Dirigida por Nana Ekvtimishvili y Simon Groß. Con Ia Shugliashvili y  Merab Ninidze.

 

De este lado del mundo (Argentina 2021) no sabemos absolutamente nada del cine Georgiano. En realidad es muy poco lo que sabemos de la República de Georgia. Eso hace que ver My Happy Family me sorprenda. Uno nunca sospecharía que la vida de Georgia sea tan similar a la nuestra. 

La historia que se nos muestra es la de Manana, una profesora de cincuenta y dos años, y la de su familia. Todos comparten el departamento de tres dormitorios de los padres de Manana. Exáctamente en las antípodas de The Wife, My Happy Family escapa de la estructura tradicional del relato. Sabemos que Manana está harta, al punto de abandonar el departamento y su familia, pero nunca se nos muestra, apenas se nos sugiere, que está sucediendo en esa familia. El cine norteamericano nos ha dado sobrados ejemplos de películas donde una mujer busca independencia. Sea que la muestren en forma negativa (Kramer vs Kramer) o positiva (An unmarried woman), siempre hay un trauma visible de por medio. No es lo que pasa en My happy family. Cada vez que uno supone que el conflicto va a desatarse, la película toma otro camino. Aún cuando se produce una revelación (que es sorpresiva tanto para el espectador como el personaje). El tono de la película oscila entre la comedia de costumbres y el drama familiar. De a ratos parece lo que hubiera resultado de darle el guión de Esperando la Carroza, a Lucrecia Martel para que lo dirija.
    La realización es prolija en su naturalismo. La construcción de la realidad es convincente. Las actuaciones son medidas y nunca saturan. Sin llegar al minimalismo o la parquedad, los actores dan lo justo y necesario. Lo que se agradece.

 

Publicado la semana 107. 11/01/2021
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