04
Ale Rivadeneira

Aquí te espero

Había estado enamorado de ella durante años; sus vidas colisionaron cuando eran todavía unos infantes, y desde ese instante los dos supieron que era imposible separarse. Conocían hasta el alma del otro; Valeria se sabía de memoria cuales eran los chocolates favoritos de Sebastián, sabía que camisa le gustaba ponerse los martes y con solo verlo podía adivinar en qué pensaba. Sebastian sabía como ella tomaba el te, medio limón y dos cucharadas de azúcar, sabía que los lunes eran días de vestido y se había aprendido todas las canciones que ella se sabía en la guitarra, para poder cantarlas con ella. Y estaba perdidamente enamorado de Valeria.

 

Pero no todo era tan fácil; Sebastián había visto como Valeria se había cortado el cabello y lo había teñido de verde, para luego dejarlo crecer de nuevo. La había escuchado llorar por la noches hasta dormirse y la había visto gritarle a su madre hasta que le doliera la garganta. Es que a veces, las cosas no salían como ella esperaba, y en esos momentos Sebastian notaba como Valeria se rompía un poquito. Comenzó a asustarse cuando ella decidió no salir de la casa y dejó de bañarse por una semana. Se preocupó aún más cuando notó que la única persona con la que hablaba era él y que los dos habían pasado días echados en el sofá viendo una serie de aliens.

 

-Necesitas ayuda- le dijo al acabar la primera temporada, pero el tema no volvió a tocarse hasta la mitad de la segunda parte de la serie.

-Tienes razón- contestó Valeria.

 

Fue entonces cuando Sebastián se encargó de sacarla del sofá y de buscar el psicólogo más barato que sus presupuestos universitarios podían costear. Aquel día se encargó de que Valeria se bañara y se pusiera un par de medias sin agujeros. Caminaron juntos hasta el centro de la ciudad hasta uno de esos centros médicos anticuados y la dejó en la puerta del consultorio.

 

-Aquí te espero-  le dijo mientras ella entraba y se sentaba en el sillón.

 

Fue una larga hora, y al terminarse, Sebastián la llevó por un helado y después a casa. Así fueron exactamente las siguientes cinco  o seis sesiones, hasta que un día Valeria, luego de salir del consultorio, le dijo de golpe:

 

-Hagamos algo divertido-

 

Fueron al cine, tomaron un café. y Valeria rió como no lo había hecho en mucho tiempo. Sebastián, por supuesto, se enamoró un poquito más de ella; aunque la había amado en secreto por años, algo dentro de si le decía que así debía quedarse: secreto.

 

Las sesiones con el psicólogo siguieron pasando, pero cuando Sebastián había empezado a sentir que Valeria mejoraba, esta empezó a sacarlo de su vida, muy lentamente. Al comienzo había sido en cosas pequeñas; no hablaban tanto como antes a la hora del almuerzo, ya no se sentaba a su lado en cada clase y ya no le guardaba el último trozo de chocolate.

 

Luego se volvió peor; pasaba a su lado sin verlo, no le hablaba por días, y cuando se abrazaban, lo cual ya no sucedía con la frecuencia de antes, ella ya no apretaba un poquito más a la mitad del abrazo como era su costumbre. Fue por ese tiempo que Sebastián la vio tocar fondo, de nuevo; la había encontrado llorando en el piso del baño, y cuando la había abrazado para consolarla, ella no lo había regresado a ver; como si no estuviese ahí.

 

Al día siguiente tenía su cita usual con su psicólogo, la cita de los miércoles. Aunque habían perdido la costumbre de ir juntos y que Sebastian la esperara afuera, ese día caminaron juntos hasta el consultorio.

 

-Aquí te espero- le murmuró él, tal como lo había hecho el primer día.

-Yo sé- contestó ella, mientras le daba un beso en la mejilla. Entonces entró.

 

Aunque las paredes eran bastante finas y se escuchaban las conversaciones del otro lado, Sebastián siempre había procurado ignorar lo que hablaba Valeria con su psicólogo, pero esta vez le fue imposible ignorar como esta rompía en llanto, y fue aún más difícil ignorar el diálogo que vino después. Se le hizo un agujero en el pecho mientras lo oía y de pronto sintió que todo lo sucedido durante las últimas semanas cobraba sentido.

 

- He tenido un amigo imaginario, todos estos años- confesó Valeria- Se llama Sebastián, y sé que ya no verlo tan seguido es signo de mi mejora, pero creo que lo extraño.

 

Publicado la semana 4. 26/01/2019
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