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Ale Rivadeneira

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Había logrado llegar hasta su quinto semestre de universidad sin haber fumado un solo cigarrillo, en la vida entera. Pero, el segundo en que lo hizo, supo que ya no tenía escapatoria; el tabaco era como una maldición familiar. Tenía grabada en la mente la imagen de su madre fumando en la playa; podía recordar que su padre llevaba paquetes de cigarrillos en la maleta cuando se iba de viaje; aún podía oler a tabaco cuando abrazaba a su abuela, aunque ella lo hubiese dejado hace años. Cuando veía esta particular entrevista a Bolaño, se olvidaba que Llamadas Telefónicas era lo que la había llevado hasta allí; dejaba de concentrarse en la literatura para comenzar a fijarse en cómo Bolaño sacaba del bolsillo de su chaqueta un cigarrillo, lo encendía en pleno auditorio y fumaba con total naturalidad. Los años noventa habían sido buenos tiempos para los fumadores. Posteriormente le habían contado que él se había arrepentido de semejante hábito, y ella sabía que le sucedería lo mismo, por lo que se asignó a ella misma cien cigarrillos. Ni uno más ni uno menos. No le importaba si le duraban un mes, un año o la vida entera, eran los que tenía asignados. Al que tenía en la mano en ese instante lo nombró el número uno y comenzó a contar. 

    Por supuesto la mayoría de números no eran importantes, pero de otros no podría olvidarse nunca. El número 38 lo había fumado el día que había chocado el carro: el 88 cuando a las 2 AM había regresado a su casa caminando; el 27, su número de la suerte, se lo había guardado para su cumpleaños. El resto de números se consumían en su balcón por las noches, en los entretiempos de los partidos de fútbol de su universidad o cuando se escapaba de la clase de aquella señora aburrida.  

Aunque la mayoría de números se podían asignar a sucesos al azar, aquella noche ella logró enlistar todos los tabacos que se había fumado con los sucesos relacionados a él. En el número 20 se habían besado por primera vez; en el segundo en que apagó ese cigarrillo en el filo del balcón se dio cuenta que no funcionaría. En el número 32 fue cuando decidieron tomarse el trago restante en los fondos de un montón de botellas vacías; en el 47 fue la primer vez que recibió un mensaje de él. En el número 65 se dio cuenta de que sus manos encajaba, y por primera vez se le ocurrió pensar que ese presentimiento del cigarrillo número 20 había sido incorrecto. El número 72 lo fumó en su balcón, mientras sostenía el celular en la mano, revisando la conversación que habían tenido sobre Stephen King.  Y el 81 lo fumó en lo que llamaremos la última noche; en la que descubrió que su historia se remontaba a mucho antes del cigarrillo número 20; incluso antes del 1. Noche en la que bailaron con sus frentes juntas, que hablaron sobre Bioy Casares, de los amores extraños que los rodeaban y de todas las veces que él la había encontrado fumando en el patio de la facultad. Todos esos cigarrillos dejaron de ser sucesos al azar. Números que hasta ahora le habían parecido irrelevantes ahora formaban parte de la historia. Pero nada, nunca se sentiría como aquella vez. Aunque en ese momento no se dio cuenta, el cigarrillo número 100 lo fumó en un balcón que no era ni el de su primer beso, ni el de su casa, ni era el patio de la facultad, ni ningún lugar relevante en la historia. Era un balcón desconocido, pero como de costumbre lo apagó en el filo de este y se guardó la colilla en el bolsillo. El estaba parado a su lado, como a un metro de distancia; las pulseras que se habían robado ya no estaban en sus muñecas; no había una botella vacía entre ambos y sus manos, por alguna razón, ya no encajaban, Cuando cayó en cuenta que se había acabado sus cigarrillos asignados al mismo instante en que su pseudo relación había concluido, se le ocurrió pensar que si se asignaba otros cien más, tal vez los días con él se añadirían también. Pero por Bolaño, por el aroma de su abuela o por no parecerse a su padre comprando semejante cantidad de cajetillas, nunca estuvo muy segura de la razón, decidió que los días con él y la cantidad de cigarrillos que se le habían asignado se habían terminado.

 

Publicado la semana 33. 18/08/2019
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