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Ale Rivadeneira

Patética

Sabía que nadie la había creído cuando dijo que fue un accidente. No estaba segura si era su amor por las películas de zombies, Stephen King o su obsesión por los cementerios lo que había hecho que su madre, y el resto de los involucrados, hubiesen decidido inculparla. A estas alturas de la historia ya no estaba segura que era lo que en realidad había sucedido; si estaba discutiendo con su hermana o si estaban jugando, pero eso ya no era lo importante. Lo relevante es que su hermana había sido asfixiada por un cojín del sofá la sala, y que ahora Eleanor vestía un uniforme anticuado y vivía en un recinto con guardias en cada esquina, los cuales vigilaban que no lastimase a nadie ni a ella misma.

 

La verdad es que no era tan terrible; la alimentaban bien, las historias antiguas de los manicomios también eran de su agrado, y tenía un par de minutos al día durante los cuales el efecto de su nueva medicación se desvanecía y ella podía ser consciente por un segundo. Tres veces a la semana su madre la visitaba, y esto era la peor parte de su nueva rutina; sus visitas se resumían en una hora en la que ambas jugaban scrabble en completo silencio. Hay que admitir que Eleanor nunca había sido la favorita.

 

Con el tiempo se había acostumbrado a los otros pacientes, a las enfermeras y a las telenovelas románticas que pasaban en la sala común; a las revistas de salud, lo único que era permitido leer ahí dentro, y casi que le comenzaban a gustar los viernes de bingo.

 

Fue en el instante que escuchó el grito de terror de su hermana en que Eleanor dejó de imaginarse los posibles resultados de lo que estaba al borde de hacer. Vio a su hermana fijamente, la cual estaba en el otro extremo del sofá, mirando con ella una de esas películas de fantasmas que tanto la aterraban. “Patética”, pensó Eleanor. Se abrazó con más fuerza al cojín que tenía entre los brazos, cuestionándose si debería contarle a alguien sobre sus extrañas fantasías o si terminaría llevándolas a cabo. No se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta cuando ya estaba sobre ella, a punto de apretar la tela contra su rostro; se preguntó entonces si se detendría en algún momento o si causaría que su hermana dejara de existir.

Publicado la semana 2. 11/01/2019
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