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Ale Rivadeneira

Muerte natural

He marcado los días en las paredes de mi celda con un ladrillo que encontré en ella. Son tantos que ya ni siquiera recuerdo el crimen que cometí ni el día en que entré aquí. Es como que si hubiera estado aquí siempre y como que si no conociera algo más. Y solo sé que espero algo. Un final. Hoy marco en la pared la raya número cinco mil. En ese momento el guardia se para frente a mi puerta. La abre y me toma por el brazo. Me pone las esposas y empezamos a caminar por un laberinto de pasillos y llegamos a una plaza. Y hay un tronco en la mitad. Hay cientos de personas alrededor, pero solo reconozco a un par. Me pongo de rodillas y acomodo la cabeza en el tronco. Veo al verdugo antes de que me venden los ojos. Y lo último que escucho es el sonido del hacha al caer.

-¿Por qué hay tantas líneas en su pared?- le preguntó un guardia a otro.
-No lo se… solo duro dos días aquí… Solía decir que esperaba que lo decapitasen.
-¿Y eso pasó?
-No. Muerte natural.

Publicado la semana 19. 12/05/2019
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