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Ale Rivadeneira

Estar tarde

Iba tarde.  Corría por la acera pero iba tan rápido que se sentía más bien como volar, o de alguna manera, como caer. Entonces llegué. La puerta estaba cerrada y el guardia me miraba desde adentro con un gesto de decepción. Yo podía oír la música. Si soy sincera, cantaba mejor que yo. Di la vuelta al edificio para entrar por la puerta de atrás. Como siempre, estaba abierta. Cuando entré, vi que no había nadie en los camerinos. Era obvio. La opera había empezado y todos estaban en el escenario. Incluyendo mi suplente. Fui por el pasillo que daba a las bambalinas y vi al director tras la cortina.
-Llegas tarde- dijo sin siquiera verme.
-No volverá a ocurrir.
-Claro que no volverá a ocurrir- dijo con un tono más sombrío del que usaba  normalmente- ¿Sabes por qué?
¿Por qué? Me pregunté yo. ¿Estaba despedida?¿O sabía que yo no llegaría tarde otra vez? No; sonó una voz en mi cabeza como respuesta a mis preguntas. Entonces lo entendí.
Todas las veces yo había llegado tarde, y hoy era la última función.

Publicado la semana 16. 21/04/2019
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I
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