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AldoV

No me mientas

 

 

No me mientas, porque hay un mundo lleno de gente, de todos los tamaños: hay pequeños y medianos, grandes, rubios y colorados, azules y negros; serios, pluscuamtristes, sonrientes y plenos, caminantes y en espera. Y todos hacen cosas: pequeñas, grandes, intrascendentes, mutantes, tentativas. El mundo está lleno, explota y rebosa, ensaya, se equivoca y acierta. La vida vive, late y se mueve; a veces llueve, a veces no, y cuando llueve moja y reverdece cuando el sol y se envioleta en el amanecer. El mundo está lleno de gente que hormiguea; no sé si los viste cuando suben y bajan y cuando desandan o esperan. No sé si los viste cuando no estabas en silencio, y no sé si viste que te hacían gestos, que sonaba lejos una carcajada, y sonaba más que la campana, y más que el oscuro son metálico de la vanidad. No sé si escuchaste la multitud de guardianes de la noche cuando estabas solo; era una frenada, un sapucay, un llamado de amor y un serafín que cantaba igual que la brisa. Lástima si no estabas, porque todo era para vos.

No trates de engañarme. No me amenaces con el infierno ni me invites a tu pozo servil de fuego fatuo, dramático decorado de témpera vieja sobre papel descompuesto; no quiero ese carnaval decadente, insensible, inservible y previsible, no me cuentes lo que te adivino, que no quiero bailar la danza de los zombis de panadería.

No me digas que no hay nada, que no soy tan boludo ni estoy tan muerto como para no entender lo evidente y me quedan sentidos no tan sentidos. No pretendas que comparta tu voluntaria ignorancia ni pienses que puedo pensar que no existen dos manos blancas, si las veo y no son dos sino miles; acaso no ves que hay niños y perros y que el mundo habla, y habla de otra cosa? No ves que el misterio no es misterioso, que es una cosa y son muchas, y que son buenas.

Hay bienes muebles parlantes, cajitas, esferas, ojos con y sin pestaña, camino entrelazado como caparazón de tortuga, racional delirio, escalón y rampa, aliento, distinto, paisaje moteado, tintinear de formas y miasma, y en la multitud un chispazo, un frote, un trote, un alguien desconocido que es todas las personas del cosmos y quiere beberse el tiempo.

No compartas conmigo –y en lo posible con nadie– tu comida envenenada verbal, tu asesinato constante, tu camioneta oxidada pintada como sotana y esa ordinaria facilidad para encontrar nada donde nada hay; yo me quedo con los pedestres bestiales celestiales que con un solo grito ponen más allá del quinto paraíso al centro de la tierra. No molestes.

No compartas conmigo el vacío. Está lleno, y hay más, y crece. Hay turquesa y naranja, vozarrón y suspiro; cambia con cuidadoso azar el oleaje de pies y manos, que a veces se tocan y a veces se aferran por un segundo que aún siendo segundo es el primero y como sin quererlo  vuelve a comenzar la novedad.

Como al principio de los tiempos, ni más ni menos.

Publicado la semana 9. 25/02/2019
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