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AldoV

De la literatura

Había un hombre solo mirando la luz en una bajada que parecía colina pero no era porque era bajadita desde el porche en primavera veraniega y yo pasaba, y cantaban grillos.

No era elegante mi andar y dado al balbuceo pero blando como maíz macerado; una parte de mí era buena, y suponía historias.

Ladró un perro, como siempre ladra, un perro, cual confirmando cualquier cosa. Media res de mí hizo un gesto amoroso y de olvido; la otra se repartió entre evocación y semilla.

Anaranjada era la luz: de que no le duela a nadie nada era el apretón de ojos y el motivo, de media res, de este costado blando como maíz macerado, de la historia de una historia falsa pero verosímil en la que hubo epopeyas simples amorosamente resueltas. Que no me incumbían pero me incumbieron.

Tenía ella ojos grandes y él un poco de decisión; tuvo su espadla corva, por corva, algún sentido; tuvieron, por grandes, los ojos grandes suyos algún otro, que atravesaba en el medio del pecho de alguien, que no estaba ahí, que era otra cosa, una sucedida en otro instante.

Le puse nombre a ambos, imaginé plantas desfloradas y manos vanas dando, palabras ineficientes. Que compraron una moto, que fueron juntos a buscar zapatillas para el niño, que había sido de rezo la espalda corva..

Amé a dos personas inexistentes y en la esquina de pedo no me agarra un auto.

No pasó nada y tantas cosas y los perros meta guau y guau, como confirmando, y en un lugar, que no era era yo, un corazón que no era el mío explotaba.

Invente mandrágoras, que ya estaban inventadas, no más que por sonoridad, y se largó, otra vez, la lluvia. Hubo, sí, polvos intermedios.

Publicado la semana 45. 04/11/2019
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