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AldoV

El que sale a fumar afuera

El que sale a fumar afuera.
El que sale a fumar afuera queda colocado en un casi no lugar. En una pequeña meseta citadina, debajo de una saliente, junto a una ventana oscura, al borde de una vereda, patiabierto o encogido, entre escondido y en exhibición, medio de costado respecto a ninguna cosa. Un sitio en el que nadie estaría de no estar fumando. 
Está quieto pero ya yéndose. Solo, adusto, mirando lo desconocido, en una eternidad precaria. Le tienta la luna entre la rama y una gana de irse. Hay una música amortiguada, una rendija y un mínimo vitral. 
Alguien que pasa lo mira, pero no lo ve ladrón, ni lo saluda; es el fumador que sale un extranjero, un desterrado, un eventual, un decimonónico no culposo que resiste a la extinción. 
Presiente con el omóplato a une cómplice con quién zapateará a dúo y quizás se sume un aburrido de la fiesta de gente sana y sus conversaciones contables, tan practicas, tan de morirse sin agonía. 
Que se sepa: el que sale, lo hace por no hablar por un rato.

Publicado la semana 35. 01/09/2019
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I
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