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AldoV

El olor del cemento

El olor del cemento es frío. De los aromas en una obra en construcción, en general. De la mezcla, el agua, la pala cuando raspa el piso y levanta y vuelve a hacerlo. Una canilla, una manguera, tablones espolvoreados, la crema gris verdosa, duros los dedos, mojado el puño, secas las palmas, el aire como un puñal, la punta del pie en pezuña.
El cemento está vivo, decía Adán, el albañil platense, ya jubilado y sin confort ni paz. Lo perseguía el cemento hinchándose y encogiéndose, y, en los últimos tiempos, hablándole. 
Dice que el pórlan era autónomo, y se le rebelaba. Imaginaba un desafío, una cuestión que se volvió personal, venida, según su ver, del mismo diablo. Y que había perdido en la pelea. 
Tranquilo, Adán, ya pasó, y abría grandes los ojos pequeños, y después bailaba, pues no quería hacer más que tres cosas, y la otra era hablar, porque olvidar no podía. 
Dejalo tranquilo al muchacho, Adán. Pero no, no hay problema. Hoy estamos de peña, Adán. Le tenían inquieta paciencia y amor de prócer en toda la la línea familiar. 
De vez en cuando embadurnaba un zócalo, concentrado, y el miedo le daba vida otra vez. 
Entre descansar y resignarse no encontraba el medio. No sé si no lloraba esa noche.

Publicado la semana 29. 15/07/2019
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