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AldoV

Un lugar

Pasé hace un tiempo por un lugar, que, sin mucho motivo aparente, me pareció, si no hermoso, significativo. 
Dos veces, y, si exijo a la memoria, capaz que fueron tres. 
Pasé, de pasar, de tocar el margen. Atestigüé lo existente.
Una parte se me quedó, un desprendimiento impreciso.
Pienso en ese lugar, paladeo el nombre, lo estudio, me inquieta. 
No sé a qué tanto..., si son unos metros, acá, multiplicados por tres mil, y ni se sale del territorio. 
Como todos, el paisaje se partía en dos en la sección de oro, y resultaba en un cielo inmenso y una tierra igual. Desde llegando se veía ocre que con gris mezclado daba azules y un horizonte que no se decidía entre citadino, agreste o metafísico, una línea de puntos como escrita en Morse; nada nuevo: los colores de la lontananza, ya estudiados por corazones más sensibles, que no omitieron la intercesión de rocíos y otras casualidades. 
Si me dijeras que hubo rojos o algún turquesa, pero no sino implícitos.
Suele la humedad distorsionar realidades que podrían ser concretas y simples al ojo del hombre frío, digo, dedo levantisco, con intención de favorecer el olvido y reentrar en las puertas de la razón, que, después de todo, son amplias y pocas. Sin éxito.
No encontré excusas suficientes para volver ni bastantes para no hacerlo. 
Deletreo como balbuceando las once letras, con dedos gordos de niño silabeando, las partes sobrantes del cuerpo instándome a buscar a su hermano perdido en una geografía, sin saber por qué y cesando en la pregunta. 
Amanece, que es lo que siempre sucede. Pían pájaros, que es lo que siempre hacen. Debajo de mí se mueve la tierra indicando movimiento. Lo que se quedó olvidado pero no tanto allá, late.

Publicado la semana 26. 24/06/2019
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