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AldoV

Relato de otro relato

En unas calles de Ayacucho un hombre, tan joven cuanto muerto, abraza el aire, hasta el no-fin de sus días. Sabe, por su transparente condición, de una injusticia que no se resolverá, y de que ya no puede morir ni hacer otra cosa, que quedó colocado en una eternidad intermedia peor que la del infierno. Invoca un nombre de alguien que alguna vez estará en paz, ya no amada en tierra ni en éter, disuelta, que existirá solamente en su boca. Que no muerde, que no habla. De la historia anterior nadie se acuerda: terminó de ser contada hace ya suficiente tiempo y apenas si constan grafías y biografías burocráticas. Es tarea del amador amar, dice, a modo de consuelo, confundido en un viento pasajero, voz inaudible que predica, perpetuamente cayendo.

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Publicado la semana 21. 20/05/2019
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Relato
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