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AldoV

Un minuto de vigilia ausente

En el sueño me decía que no sueñe. La extremación de lo posible, un exceso en fracasar. Dije que sobre los sueños no tengo potestad, siempre hablando de los oníricos, que hacen lo que quieren, salvo a condición de no dormir. Que tampoco, porque se sueña igual, tarde o temprano. Y que, en todo caso, qué hacés vos refutando acá, si el que sueña soy yo. Es muy borgeano, dijo; pero sin talento, agregué sin necesidad. En esa discusión perdimos el tiempo hasta el despertador, pero en medio pasaron cosas interesantes, con la presencia de un atardecer y rostros desvaídos, con esa blandura temporal tan típica y sensación insular, lo no dicho lleno de palabras, las yemas del mayor y del anular recordando vértebras. Muy distinto todo a la caminata lunar sin moverse, o a la caída brusca.

En su invitación a negar lo inexistente no hubo convicción suficiente.

Luego lo de siempre: abrir los ojos, tontamente azorado por lo sabido, y una sospecha.

Publicado la semana 18. 29/04/2019
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