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AldoV

Las vírgenes de Federación

 

La ciudad hundida, Pompeyita o La involuntaria lacustre, es zona de milagros. 
Al nordeste del nordeste de Argentina, zona de flaca mesopotamia. Federación, la renacida, el lapsus, un desconcierto del tiempo.
Aquí se sucedieron la Virgen cabezona de Federación –la nunca suficientemente ocultada–, la Virgen de la hoja de plátano, la Virgen airada y el Alfonsín que llora sangre, sin solución de continuidad, en menos de lo que dura la mitad de una vida promedio.
No prometieron nada: discretes, solamente se manifestaron. Vaya milagro magro, librado a interpretaciones necesariamente menores...
Que por qué milagro se escribe en masculino. No sé, señorita; hágalos en femenino o en neutro y no mejorará la calidad. 
Consigno el notorio caso de "la Virgen invisible de la avenida comercial", por notorio y a la vez lo contrario, como detalle sustantivo, de la cual no me es posible negar testimonio. 
A veces, cuando el agua baja, asoma un eco del pasado, relativamente vigilante, diciendo que Ojo, todo está entre terminando y empezando.
Al Alfonsín llorador yo lo vi; dudé de la Virgen de la hoja de plátano, por parecida a hoja de plátano, y tuve certeza de la invisible. La Virgen de la hoja de coca fue desmentida terminantemente.
Una ciudad despertó de un sueño para caer en otro.
Me dicen que si me drogo, por avalar despropósitos; argumento que qué quieren, que si buscan milagros razonables no los van a encontrar, porque esos no lo son. Para eso están los sucesos de la vida cotidiana.
Acepto, sí, que deberían hacer cosas mejores y más contundentes que llorar sangre o aparecerse en una hoja, como, por ejemplo, tirar monedas u ofrecerse como objeto de frotación a la manera de los magos de lámpara, pero por lo menos te sacan de la rutina y uno no va a andar reclamándole al omnisapiente por sus designios.

Publicado la semana 17. 22/04/2019
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