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AldoV

Jueves en la terraza

Sí. La verdad, era ese el momento feliz en mis dias. Lo adivinó Martín.
Lo demás era ganas de matar o de morir, en partes iguales.
Aquí no era que el frío no se sintiese ni el hambre se olvidara, pero se justificaban. Era un paréntesis de cosa viva, de mente despierta; de un otro yo estomacal y amador, de precario pero esencial paréntesis. Si se me permite, de un dolor dulce.
Pergeñábamos, en general. Hacíamos cosas, pensábamos en lo bueno y en la maldición china, nos corría el viento con mano amorosa; decíamos, sin decir, que el mundo es mayor, pensábamos en flores y en naranjas y en su olor, y las poníamos en complemento de azul, nos divertíamos con monstruos rosados, suponíamos que la vida era una caricatura de otra instancia. En cierto modo, cantábamos, a un tono más cálido que lo tenor. Entre dos o cinco, los jueves. El culo te llueves: risas en la azotea.
Fijate qué pasa si pasa un violeta que venga del norte, decía yo.
De un gris que no morigeraba el amor, fuera de ahí, equivocado de nombre y de movimientos. Consistió el amor en dos personas enemigas que compartieron su desolación.
Por lo demás, lo demás seguía. Nosotros meta inventar, con pertinacia digna de ser cumplida. En otro lugar, en momento alguno.
La puja entre esto y lo otro no dirimida; la ganancia como evidencia de que el camino es el camino es el camino. Lo violeta suelto y sin causa. La música, la mano haciendo así para indicar que vuelvo; a modo de festejo, una lágrima.

Publicado la semana 16. 16/04/2019
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I
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