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AldoV

Triste epistoladura de un adiosamiento

Te voy poniendo en avisación de que me fui. Es para evitar sorpresaciones y reclamaduras incorrespondientes, con anacronicidad; una advertización a tiempo siempre será la mejor prevedura. Al menos esa es mi veedura. 
Mi retiración, claro, da obedeceduría a raciociniamientos; no es la encaprichadura obstinaz de un ánima empenada por el despechamiento.
Nos hemos ido desapalabrando poco a poco, no sé cómo, y el no sabimiento o la ignoración nos corroyó, como hace el agua en su depositación constante. Ya desencostrados y desprovistos de malaquita -nos desmalaquitamos: recuerdo haber hecho la comentación en su momento-, fue la desnudación y el autodestierro. Descortezados vímonos no irisados sino nuclearmente tormentosos.
Verdaderosamente, no es que nos hayamos tanto desapalabrado cuanto que nos comportamos con verbosa contrariedad, negacionando las palabras originales, que quedaron en escondimiento: queriendo decir una, decíamos otra. Cuando bienmente nos entendiéramos con dos... 
En fin, me ausencio. Qué digo: me ausencié ya. Qué digo: fue la alejadura nuestra condición, y no hubo ya, creo que nunca, disfrazación que nos suficiente.
Sabrán los astros si haya futuro reencontramiento; corresponde a los misterios del sino, y si no hay sino que no valga. Quizás nos encontremos en cada reidura; mientras tanto, el señor es testigo de mis lloridos. El señor mi vecino, digo.
Siempre te estaré sentimientando.

Publicado la semana 14. 01/04/2019
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