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AldoV

Ni cuenta me di

El otoño no es en sí mismo melancólico, sino cuando nos trae a colación que se nos pasó el verano sin pena ni gloria.
Ya habíamos sobrellevado el anterior (otoño) de mala gana, no más sostenidos por la utopía de la primavera venidera, promesante y prometedora como una puerta abierta, y de un verano a puro segundo y tercer chakras abiertos y en plena potencia, pero no: se nos fue en escaramuzas y fotitos de atardecer, en tropezado baile y enfático dormir. Viajando sin son ni ton boquiabiertos.
Dijimos (fingimos) que sí, blabla, que qué lindo el dorado de las hojas, el olor a madera quemada, el mate de las seis de la mañana, Ah, leer, esa actividad tan constructiva!, la música; lo hicimos, pacientes, a modo de meticulosa inversión, y vino septiembre con sus brotes y conejitos asomando de madrigueras y sus fucsias y turquesas a flauta traversa traviesa y vino, al fin, el áureo, explosivo verano. Al fin el corpóreo andar descalzos a buena gana.
Se nos fue en brizna y trigo. 
Acá estamos, de nuevo, diciendo que qué lindo el fino naranja crepitado de las hojas al pisar meditabundos y qué bien huele el eucaliptus cuando se lo quema, la bienvenida introspección reflexiva. Mintiendo, haciendo trámites, ceja izquierda levantada, pasando lavandina en los rincones, añorando secretamente la O de octubre con sus lunas.
Que sean extraordinarios los otros; yo quería morir o dormir, y que pase rápido lo de vivir.

Publicado la semana 13. 26/03/2019
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