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AldoV

Periódicamente

Me apetece cada tanto acariciar el borde semántico de lo posible. No lo hago mucho, pero cada tanto. 
Más allá están las espaldas de los elefantes, mas allá las tortugas, más allá la incertidumbre: la forma que toma Dios para decirnos algo entendible 
No lo hago siempre, sino cada tanto, por no olvidar el origen, donde me sentí más cierto. en ocasiones en las que no necesité ni pude, ni se me pidió, ser ni amable ni respetuoso, ni se me demandó palabra. Cuando no había nadie. Me sentí, en fin, más cierto cuando menos fui.
Sentí esa noche el fresco de lo todavía no tan mortuorio, y el mordisco de los amenazantes, y sentí como si no sintiera nada; sentí la anestesia del dispuesto a morir sin que se le dispusiera causa, ni nada se le preguntase. Me pasó, y no me esmero en abrir los ojos, ni en memorar las características del hambre completo, que siempre es largo. 
Debió ser mi cuerpo más dado a robar, más dispuesto a la justicia, menos contemplativo de ternezas, más hospitalario con su condición y menos con lo inhóspito; me pregunto por qué no quiso, qué cosa quería averiguar de qué.
Yo silbé a los perros, y los perros me amaban, y festejaron mi decaer, mi cesar humano; me vieron amorosamente como de los suyos, y yo ni acá ni allá, ni en el aire, casi ladrando, a cualquier hora previa a morir, que era cualquiera.
Me gusta cada tanto remembrar y que no se me olvide que tuve flores para mi entierro y que fui mi único testigo. 
Detrás del velo del amor hay una imagen que persiste. 

Publicado la semana 12. 21/03/2019
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