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AldoV

Firmado al pie

No recuerdo el apellido, pero el que vivía en la cuadra del correo, el padre de la nutricionista culona que a todos nos emocionaba y no por nutricionista, me atormentó durante años con que fuera a ver un cuadro, que, según su sospecha con aires de certeza, era de Van Gogh, para que se lo confirmase.

Con distintas excusas me resistí cada tres veranos, no sin prometer prontitud, por presumir un desengaño de doble dolor: a él por dolerle, a mí por causarlo. No estoy preparado para romper una ilusión tan pronto, me justifiqué, y pasaron años.

Periódicamente me encontraba, y aumentaba el entusiasmo y la información, y vuelta yo a estar yéndome para pronto volver y "Paso por tu casa", y él siempre tuvo fe.

El cuadro estaba firmado "Vincent", abajo a la derecha, y eso era un aliciente. Que lo había comprado en una subasta ignota y pasó de desván en desván, le parecía otro, que venía de familia en familia; un prestado romanticismo propio de cosas que no suceden en la vida real. 

Ostenté ignorancia como para ahuyentar el compromiso, pero no fue suficiente; me tuvo más confianza y sostuvo paciente esperanza, a mi pesar. 'Además con esto de Internet', se alentó más, ya paladeando un futuro próspero y sorprendente. Intuitivo y con datos, me repetí que no me correspondía romper encantos, que pase de mí ese cáliz.

Me atormentó más la posibilidad de que muriese y no haber cumplido, y fui, ya avanzadas las décadas suficientes, como en ceremonia, y vi el cuadro, y mis presunciones se cumplieron.

Era un cuadro de esos largos con paisaje de bosque al fondo nevado, de elaborado e industrial marco, con un ciervo, firmado Vincent. Verdes, azules y tierras: imaginé a un pintor ignoto buscando vida, inventando emprendimientos de "Ahora sí, con esta..." y nada, en un invierno, buscando bazares, haciendo negocios sin saber, con la misma derrotada esperanza del portador de la obra.

Juro que quería más que él que fuese de Van Gogh, pero no era, y, sin ser especialista, no debí esmerarme ni demorarme en pericias. Qué hacer. Me mantuve hierático, sin esfuerzo, el tiempo conveniente.

Morirá conmigo la respuesta de cómo resolví el dilema, mas no fue doloroso y el hombre murió feliz. Un poco, no más, doloroso, para mí, por cuestiones no nucleares y de monta irrelevante.

Publicado la semana 1. 01/01/2019
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