Semana
06
Zaragata

EL DON DE LA INVISIBILIDAD

Género
No ficción
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No hace mucho que se entiende invisibilidad como el hecho de no querer mirar algo o a alguien, no obstante su esencia siempre ha sobrevolado nuestras cabezas lo sepamos o no, y no sólo con relación a colectivos ignorados socialmente y excluidos del llamado mundo desarrollado, la invisibilidad también se ha practicado en ambientes íntimos produciendo trastornos afectivos. Y el daño no es poco ya que todo lo recibido a nivel privado se traslada inconsciente o conscientemente a la sociedad arruinando el concepto de convivencia, convirtiendo las relaciones humanas en un enfrentamiento a muerte en el que sólo ganan los que no participan, los de siempre, los que no nos miran.

He sido invisible mucho tiempo o, mejor, he creído serlo; molestaba tanto mi extraña manera de ver la vida que a alguien se le ocurrió que lo mejor era no tenerme en cuenta, no verme; no importa ya si hubo quienes recogieron el testigo de aquella mano inculpadora, lo que importa es que poco a poco yo fui creyéndolo hasta el punto de comportarme como tal, viviendo sin hacer ruido, sin molestar. La fortuna, el ángel de la guarda o la alineación de los planetas quisieron que lejos de adquirir forma a través de un comportamiento social aceptable, esto es meterme en el sistema que me acusaba y comportarme de manera que se me admitiera, fuera cincelando mi fondo, abonando lo que presumía haber sido siempre, mientras en silencio para no dar armas al enemigo esperaba el momento oportuno de salir a la vida, de vivir en el más amplio sentido de la palabra.

Tuve suerte en el camino pues, tal vez debido a mi inconsciencia de ser perceptible, se me acercaron muchas voces, se me tendieron muchas manos y recibí mucho amor, de forma que no tuve que vomitar en la sociedad aquello que se me había indigestado en el corazón y aunque no todo hayan sido mimos, cada persona con la que me he relacionado me ha ayudado a observar de manera diferente las situaciones, a entender que la vida es un poliedro indescifrable.

Hoy, a mis “titantos”,  he perdido los miedos que me fueron imputados, no deseo poseer nada, me resulta innecesario el odio y acepto el rechazo ajeno; no me preocupa morir, aunque me importa mucho llenar de vida los años que me quedan y, ante todo, no quisiera que se me volvieran a olvidar trozos de la película. Lo conseguí, sí, finalmente conseguí convertir la invisibilidad que me fue impuesta como castigo a mi libertad en un don que me provee de fuerza para romper cadenas.

Publicado la semana 6. 11/02/2018
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