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Zaragata

LA NIÑA QUE ME HABITA

Ella era capaz de sentir cómo los Reyes Magos estaban llegando y les oía cuando se tomaban los polvorones y las copas de anís que se dejaban en el alféizar, incluso una vez, antes de conciliar el sueño, pudo distinguir las figuras de los camellos mientras bebían agua de la olla que se les ponía junto al pan para que repusieran fuerzas y siguieran camino; la mañana de un 6 de enero vio junto a aquel enorme árbol el paraguas lila de puño plateado, una maravillosa sombrilla de su tamaño que le permitiría autonomía en los días de lluvia; aquel día ganó su independencia y perdió su ingenuidad, pero salvó la magia.

La niña que me habita sigue escuchando el vaivén de los ungulados y el tintineo de los regalos dentro de las cajas, ve las marcas de los magos en la nieve y le gusta mirar a los ojos a los pajes, cómplices emisarios que llevarán los mensajes a sus majestades. La niña que me habita escribe su carta cada año, come roscón temprano, deja la casa ordenada y duerme con los ojos muy apretados para facilitarles el trabajo. La niña que me habita sabe que cualquier otra mañana de un 6 de enero, gracias a la rescatada magia, recuperará la ingenuidad sin que por ello deba sacrificar su libertad.

¡Feliz noche de Reyes!

Publicado la semana 53. 05/01/2019
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Género
No ficción
Año
II
Semana
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