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Zaragata

NO ES CUESTIÓN DE SEXOS

No creo que hoy en día haya más violencia que antaño cuando las ciudades estaban amuralladas, ni mayor afán recaudatorio que en aquellos días en que las puertas de entrada, donde los llamados portazgueros se encargaban de cobrar los aranceles, hacían de aduana. Lo que sí tenemos hoy son más medios y más soberbia, una mezcla que contamina fatalmente cuanto tocamos, hacemos o decimos. La altanería nunca trajo nada bueno al mundo. 


Perfumados por esa hedionda mixtura, como perturbados por el dedo divino, nos permitimos clasificar todo y a todos y, del mismo modo que  hemos decidido que existen el tercer mundo y la tercera edad, dictaminamos desde nuestra altura, enarbolando las tablas de la ley, que hay seres inferiores; no decimos diferentes, enfermos, delgados, disminuidos, bajos, gordos, pobres, tristes, incultos… no, les llamamos inferiores quitándoles, con ello, cualquier posibilidad de igualarse a nosotros porque cada uno de nosotros -sálvese quien pueda- se considera único, superior y capacitado para caer feroz y aleatoriamente sobre cualquiera que no le haga gracia.


Nada de lo que se hace contra otra persona debería de ser legal. Nada. Ni una mala mirada, ni el más mínimo gesto de desprecio, ni la presión afectiva, ni el uso del poder económico, ni una mala praxis de la patria potestad, ni la dominación, ni siquiera la pena de muerte. Nada que vaya contra la dignidad y la vida debería de ser legal. 


Escucho decir que un niño o niña no debe de engordar porque se reirán de él o ella en el colegio; y pienso que la idea debería ser que no engorde para que tenga buena salud. Me cuentan que toda la vida ha habido pobres y ricos; y no sé si lamento más el modo en que el pobre asume el su desgracia o la insolencia con la que el rico se envanece de su malicia. Una mujer me espanta diciéndome que gracias a sus tetas tiene al alcance el cincuenta por ciento de lo que quiera conquistar; me miro al espejo y le digo a mi cuerpo que me alegro de que nunca se sintiera en venta. Un hombre argumenta que ellos tienen un comportamiento genéticamente machista difícil de cambiar; y me pregunto cómo llegaron a vestir un traje si genéticamente están preparados para cazar en taparrabos.


La violencia no es cuestión de sexos, la violencia es violencia. Lo sé.


Como también sé, querido amigo, que tu testosterona supera con creces a la mía y que tus reacciones físicas son más bruscas que las de una mujer, por lo que tendrías que poner especial atención en controlar esa hormona antes de que ella se apodere de ti. Y tú sabes, amigo querido, que socialmente siempre hemos sido consideradas seres de segunda, que precisábamos la autorización del padre o el marido entre otras cosas para viajar. Eso ya cambió, amigo, como el taparrabos dejó de servirte a ti y ese cambio, aunque no lo creas, te favorece porque tienes compañeras de vida en lugar de esclavas, seres de primera, como tú, con quienes conversar de lo divino y lo humano. Escucha, amigo mío, si en algún momento una mujer no quisiera estar contigo haz lo que desearías para ti en caso contrario, habla con ella, aclara las cosas y déjala que siga su camino, no la acoses, no le hagas la vida poco llevadera, no la obligues a huir y, sobre todo, no la mates.

 

Publicado la semana 47. 24/11/2018
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Con tranquilidad.
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