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Zaragata

COSIFICAR ESTÁ DE MODA

Es indudable que las personas disfrutamos más de los acontecimientos en compañía y por ello buscamos con quien compartir los momentos significativos, de hecho, resulta muy agradable que nos inviten a participar de una graduación, de una boda o de esa película especial que mueve la fibra más íntima del anfitrión. Dentro de este comportamiento social siempre han existido los que van de incógnito, esto es, personas que sin interés alguno en hacernos partícipes de sus gustos y menos aún de su vida, nos invitan a acompañarles no tanto para compartir momentos como para cubrir su tiempo de soledad, algo que les atormenta sobremanera incluso como concepto; en realidad, lo mismo les daría que fuera otra persona quien en el cine comiera palomitas a su lado o compartiera habitación de hotel en el viaje de rigor, el caso es no sentir desarmada su existencia por unos cuantos segundos desiertos.

El colectivo de polizones afectivos ha ido creciendo de manera exponencial en los últimos años, consolidándose con la implantación del individualismo, puede que ya  fuéramos individualistas cuando se hizo eco esa doctrina o  que fuera ella, madrina del egoísmo, la que nos procuró el empujón final, nunca sabremos si fue antes el huevo o la gallina, el caso es que sin comerlo ni beberlo comenzamos a aplicar técnicas de manipulación en las relaciones humanas y fue ganando terreno la idea de que competir es más gratificante que compartir,  hasta llegar a tratar a los semejantes como se trata un mueble, ubicándolo en el lugar que se nos antoja, abriendo y cerrando sus cajones a modo de secreter o luchando por conseguir que se barnice para que su color haga juego con la decoración de nuestra vida. 

De tal manera ha calado en nosotros el “yo ante todo” que el comportamiento ruin se ha convertido en norma; eso es lo trágico, que lo malvado se haga regla y sea aplaudido. Sí, cosificar está de moda, hoy es habitual usar a cualquiera a conveniencia, pervertir la amistad para satisfacer el capricho de un instante, hacer un guiño al amor para sortear el aislamiento, convertir los encuentros sociales en mercados, llamar favor a la inversión afectiva y acusar de hipersensible, cuando menos, a quien se atreve a poner en tela de juicio este patético simulacro de relaciones humanas que se está extendiendo como la peste. 

En mi opinión hay un detalle que se nos escapa, las costumbres se hacen leyes y, a base de cosificar a quien se nos pone a tiro, existen muchas probabilidades de que terminemos cosificándonos a nosotros mismos o, quizás, lo estemos haciendo ya y acudimos al salón de belleza con tanta frecuencia para no ver la realidad de nuestro propio espejo.

 

Publicado la semana 46. 18/11/2018
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Amaral - Sin ti no soy nada.
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