Semana
44
Zaragata

¿Y QUÉ?

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No ficción
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Cada vez es más corriente usar como defensa el ruin procedimiento de justificarse con que la cabronada perpetrada fue menor que la recibida; cuando esto se produce en un jardín de infancia a mí, personalmente, me hace gracia escuchar “y tú más”, pero cuando la situación se da entre adultos chirría un poco y si el método de salvaguardia se genera entre quienes organizan -o al menos para eso fueron elegidos- el sistema jurídico, político y económico de un país, no puedo evitar que el vello se me ponga de punta.

Casi siempre hablo de política,  ̶ entendida ésta como «de, para o relacionado con los ciudadanos» (del latín polīticus, y este del griego antiguo πολιτικός politikós, masculino de πολιτική politikḗ) ̶   casi nunca de políticos, no me gustan, ninguno. Hoy algo me mueve a hacerlo en nombre propio y en el de todos los ciudadanos que, de una u otra forma, pagamos sus platos rotos y hasta, en ocasiones, escupimos a la cara de los iguales creyendo que representan a uno u otro bando sin ver que, en la vida, sólo existen dos bandos: los que se nombran a sí mismos dueños y los que son poseídos por los primeros.


Señor político de izquierdas, derechas o centro, mire usted, no defienda su latrocinio con otro mayor, no insulte nuestra inteligencia vendiéndonos injustos juicios, no nos prometa la sociedad perfecta con una imagen progre ni la familia feliz con un traje digno de pasarela de moda, no se burle de la miseria que padecen miles de millones de seres, de la hambruna mundial que está provocando éxodos ni de las luchas intestinas que forjan sus intereses económicos; ya sabemos, todos lo sabemos, que el que vino antes que usted nos robó y que el que vendrá después nos seguirá robando más y mejor tal vez. ¿Y qué? ¿Evita eso su culpa? ¿Le descarga de responsabilidad? No señor político de centro, izquierdas o derechas, eso no le descarga de nada, su misión no es comprarse casas, ni trajes, ni coches, ni cuidar sus abdominales, ni hacerse cirugías, ni mantener a su familia a costa nuestra… pero, sobre todo, su misión no es exculparse de sus degeneraciones basándose en que son menores que las de su antecesor porque, repito, ¿y qué?

En los últimos tiempos los pequeños no usan el sistema de arrojar la culpa a otro tanto como lo usamos los mayores, supongo que estarán hartos de nosotros y nos han dejado por imposible, puede que haya llegado la hora de mirarlos y escucharlos: si ellos, los pequeños, no siguen la doctrina de los mayores es probable que nosotros, los mayores, debiéramos dejar de hacer caso a las indicaciones de esos individuos que, llamándose políticos, no son otra cosa que cleptómanos de vidas.


 

 

Publicado la semana 44. 03/11/2018
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