Semana
37
Zaragata

DIMES Y DIRETES

Género
No ficción
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El 27 de marzo de 2007, con el título Así escribí “Cien años de soledad”, aparecía en el suplemento cultural de EL PAÍS un artículo de Gabriel García Márquez en el que, con relación a la frase inicial del libro, rezaba lo siguiente: “No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme. Lo que hoy sé es que no dejé de escribir durante 18 meses hasta que terminé el libro. [...]” 

Esas pocas y hermosas palabras me hicieron comprender que plasmar por escrito una idea que aparece de pronto en nuestra cabeza lleva su tiempo, no es que sea tarea difícil, a fin de cuentas hacer lo que uno ama siempre resulta fácil, pero es preciso buscar la manera de que la idea que llegue a los demás sea imagen fiel de la idea inicial, poniendo cuidado en que no se pierda por el camino la propia identidad. Quienes escribimos agradecemos que nuestros textos tengan repercusión, buscamos la crítica ya sea a favor o en contra, porque la crítica nos hace bien, el aplauso de los seguidores anima y el reproche de los detractores ayuda a perfeccionar. 

Pero no todo lo que se recibe es crítica, entendida como el análisis y la valoración según los criterios de quien la hace, lo que se suele recibir son lo que yo he dado en llamar “dimes y diretes” gentes que, lejos de hacernos una crítica, nos dicen, por ejemplo, que hay una manera mejor de expresar lo que hemos dicho o que deberíamos de haber expuesto una segunda visión sobre el tema para que sea más fácil de interpretar, es decir, se consideran así, sin más, con la capacidad de ejercer de correctores de texto; casi siempre -antojadiza fortuna- son personas que cometen frecuentes errores tanto ortográficos como verbales: laístas, dequeístas y con poca capacidad para la conjugación de verbos irregulares de uso común.

Yo, que a pesar de mi edad me sigo sorprendiendo de la falta de moderación que se gasta la gente cuando no se trata de sus vidas y me paralizo ante el atrevimiento de la ignorancia, me limito a decir: “Me gusta que sientas eso porque es precisamente el efecto que buscaba.” Después doy las gracias y continuamos con las cosas cotidianas mientras pienso: “¡Qué bien me hubiera venido una crítica en lugar de estos dimes y diretes!”

 

Publicado la semana 37. 16/09/2018
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