Semana
35
Zaragata

PISA EL ACELERADOR O LA IDENTIDAD PERDIDA

Género
No ficción
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Corría la década de los 80 cuando Manuel Vicent, en uno de los artículos semanales que escribía para el periódico más leído de esa época, razonaba los motivos por los que su hijo le preguntó en una ocasión: ¿Papá, tú eres negro? En la mente del niño, si el jefe era un negrero, -expresión que su padre repetía con cierta frecuencia- quedaba claro que quien trabajara para él había de ser negro o la cosa no tenía sentido. En aquellos años el mundo funcionaba de otra forma, no era perfecto, pero las cosas llevaban un ritmo menos acelerado lo que permitía entender e incorporar ideas y tendencias para después decidir cuáles se ajustaban al objetivo de cada quien. 

Cuando llegó el desarrollo informático, pensado en un principio para uso de la élite aunque en un soplo se instaló en todos los hogares, la vida comenzó a ganar velocidad y ésta fue creciendo de manera exponencial hasta adquirir un compás difícilmente asimilable para la inteligencia media; el avance tecnológico nos proporcionó acceso a todo tipo de información facilitada, en la mayoría de las ocasiones, fuera de contexto, incluyendo juicio anticipado y sin soporte fidedigno. Con tanta celeridad asumida nos estamos quedando sin tiempo para ser, sólo podemos estar; y parece que estamos para creer el último bulo, vestir como dicta la moda y pensar como nos insinúa el grupo del que formamos parte. 

Pero ya nada nos satisface, es imposible que el ser humano esté satisfecho sin conocerse a sí mismo, sin sentirse poseedor de una identidad única; poco a poco hemos sido uniformados y convertidos en negros o negreros, tiranos o esclavos, empleados o empleadores, guapos o feos y cuando hemos de abandonar el papel que nos permitía formar parte de un colectivo, es decir, perdemos el trabajo o la línea, no tenemos razón que nos sujete en pie y buscamos las terapias psicológicas o, en el mejor de los casos, actividades que nos ayuden a olvidar lo que no pudimos ser.

Enfrentarse al sistema es una batalla que conlleva críticas, rechazos, algún que otro revolcón en el lodo y muchas horas de soledad, pero, en mi opinión, es preferible defenderse aunque salgamos heridos que andar ilesos por un rumbo equivocado.

Publicado la semana 35. 02/09/2018
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