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Zaragata

MOTIVOS PARA ODIAR

Qué arcaico es el odio, ese sentimiento capitaneado por la prepotencia que deja sin salida cualquier situación ya que, irremediablemente, lleva implícito el miedo y, en mi opinión, los déspotas son los que más odian porque el despotismo no es otra cosa que una patética danza del tirano para evitar que se detecte su colosal temor a que un día cualquiera pudiera aparecer Paris y disparar una flecha directa a su talón.


Un síntoma inequívoco de vulnerabilidad es el odio hacia todo y hacia todos; cualquier animal acorralado o herido arremete contra el resto en defensa propia: matar o morir. Matarse o morirse, digo yo, porque quienes odian con tan infinito tesón no son más que una procesión de tristes morados por un resentimiento que no sólo va dirigido a los demás también se odian a sí mismos, se miden permanentemente, lo manchan todo con comparativas, no se conceden el disfrute saludable, ni las risas incondicionales, ni se arriesgan a saltar alguno de los estrictos límites que les envuelven; en definitiva, se han inmolado en aras de su fragilidad.


A todos nos cuesta vivir y tenemos miedo -a veces incluso mucho- y nos molestan las actitudes de otros y lloramos a causa de comportamientos que no entraban en nuestras expectativas y lamentamos vivencias de nuestra infancia e imaginamos cómo sería nuestra vida si, aquel en quien confiábamos, nos hubiera ayudado a levantar el vuelo en lugar de cortarnos las alas, pero es una estupidez permitir que el odio se nos instale en el ánimo. Claro que podemos y debemos luchar por desarrollar nuestra personalidad, nuestro intelecto y nuestra afectividad, pero jamás a través del odio, nunca habrá suficientes motivos para odiar.


Si algo identifica al odiador sistemático es su simpleza, los razonamientos pueriles de los que se abastece y -algo muy significativo- siempre se rodea de acólitos y de admiradores pues no está interesado en conocer ideas diferentes ni, mucho menos, en desarrollar argumentos que pudieran ser rebatidos, su mayor afán es imponer el odio para sentirse uno más, para dejar su inferioridad aparcada y, tal vez, -¡quién sabe!- ser feliz por un instante.

 

Publicado la semana 32. 09/08/2018
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No ficción
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