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Zaragata

CABEZAS DE RES

Hace aproximadamente medio siglo tomé conciencia de que mi forma de ver la vida no era la habitual, comprendiendo que pertenezco a ese grupo de personas conocidas como bichos raros. Fui joven sin dejarme arrastrar por la locura de la lozanía y me levanté en armas contra la decadencia de la senectud en el mismo instante que traspasé la frontera de la madurez sin, por supuesto, dejar de sentir un concienzudo y sincero orgullo por mis arrugas cada día más profundas y locuaces.

Nunca tuve problemas para ligar, fui siempre atractiva a los hombres -soy heterosexual, al menos hasta la fecha- y aún hoy, con un cuerpo carente de colágeno y un espíritu escaso de ganas, percibo miradas lúbricas que -no lo voy a negar- me producen una mezcla de bochorno y satisfacción. Pero a lo que voy. 

Siempre he respetado a los hombres partiéndome el pecho -y en ocasiones hasta la crisma- para dar a entender que ellos no son ganado, no son una cabeza de res por la que haya que pujar; sé que su memoria celular encierra un depredador, como la de las hembras contiene un ama de cría, pero estoy segura de que la inteligencia humana puede compensar esa carga y lo mismo que nosotras, las mujeres, luchamos por conseguir equilibrio con la hembra que nos ruge en las entrañas, ellos, los hombres, pelean por dominar al macho que les habita. Por todo esto, me embarga una descomunal vergüenza cuando en pleno siglo XXI una fémina salta al coso para pelearse a “su” macho consiguiendo, en el mejor de los casos, dejar en ridículo a otra mujer y llamar a la arena del circo al bruto que, hasta ese momento, estaba siendo dominado por un ser humano.  

Ya no estamos en el Neolítico, no es preciso arrastrar a la hembra hasta la caverna, ni es necesario conseguir al macho capaz de cazar el mamut más grande para abastecer a la prole; la evolución nos ha concedido la libertad de elección de pareja ya sea por sentimiento profundo o por deseo irracional, es bilateral, percibimos cuándo ocurre y en beneficio de ambos deberíamos respetar el hilo energético que se genera entre dos seres, probablemente no les mantendrá unidos en futuro lejano pero, sin duda, provocará el cambio necesario para que su evolución individual sea diferente a la que hubieran tenido de no haberse encontrado. 

 

Publicado la semana 28. 15/07/2018
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