Semana
23
Zaragata

LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD PARA CIUDADANOS DE A PIE

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No ficción
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Me costaba mucho entenderla. Por más que insistía en leer una y otra vez las formulaciones e hipótesis de don Alberto, para mí la una de la tarde era la una de la tarde y no había más donde rascar, hasta que hace un tiempo comprendí que la relatividad está a nuestro alrededor y no hay que meterse en las neuronas tochos de integrales, basta con prestar atención a lo que escuchamos.

A continuación ilustro mi humilde teoría.

 

1.- EL VALOR DEL TIEMPO. Cuando hablo de los cambios de la vida con una persona diez años mayor que yo, salvo honrosas excepciones, suelen decir mirándome a los ojos: “Es que nuestra generación…”  No ocurre lo mismo, por ejemplo, si les digo que tengo un hermano diez años menor pues entonces endosan algo similar a: “Como si fueras su madre, claro.”

Esto me ha llevado a la conclusión de que no tienen el mismo valor los años hacia abajo que los años hacia arriba.

2.- EL VALOR DEL DINERO. Hay quien pregunta sin prudencia cuánto ganas a sabiendas de que la cantidad que percibes mensualmente no es para tirar cohetes y cuando, sin reparos, les dices la cifra su lengua se acelera y suelta: “¡Ah!, no es tan poco!” explicándote seguidamente que ha pagado por quince días de apartamento para sus vacaciones el cuádruple de la cantidad que percibes y aclarando, además: “Me pareció barato.”

El valor del dinero es relativo, diferente según para cada quien; supongo que en eso se basa la expresión “tercer mundo”.

3.- EL VALOR DE LAS AFIRMACIONES. Están los que a fuerza de no pensar se han instalado en el engranaje social y sólo manejan los pensamientos robados a otros, por ello, si se les pregunta cómo llegaron a esa conclusión resuelven con un: “Lo ha dicho un catedrático de la Universidad…” Sin embargo, cuando tratas de expresar una idea personal elaborada desde el conocimiento y, por supuesto, extraña a sus oídos suelen decir: “¡Eso es un absurdo!” Dando el tema por zanjado para volver a mirar el único camino que les permite las orejeras. 

Por lo tanto, en esta sociedad, el valor de las afirmaciones depende de quién las diga y cómo las diga.

Resumiendo, todo es relativo y la vara de medir está siempre en manos de quien ostenta el poder en cualquiera de sus formas, incluso si se lo apropia sin derecho alguno. Así entiendo yo la teoría que el señor Einstein -en cuya vida personal no entro- explicó y que, a la vista está, hizo que se pusiera el mundo por montera: le daba lo mismo la edad tanto la suya como la ajena, a veces vivió con holgura y otras no tanto, no se amilanó cuando un catedrático le dijo que su teoría no tenía una base contundente, persiguió incansablemente su sueño, se alejó de donde no le querían, no gastó tiempo en explicar a quienes no eran capaces de entender y, en cuanto tuvo oportunidad, puso sus conocimientos al servicio de la humanidad aunque, más tarde, un ladrón de afirmaciones los utilizara con el fin de apoderarse del tiempo y del dinero del mundo.

Publicado la semana 23. 10/06/2018
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