Semana
11
Zaragata

UN PAÍS PARA SORDOS

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Yo les hablaba con vehemencia desde que llegué y no valía, nunca valía.

Un buen día presté atención a lo que se decía en aquella plaza rebosante de gentes y de colores; se decían muchas cosas, algunas importantes, otras menos, pero todas interesantes, incluso muy interesantes.

La confusión era tal que quise pararla con un grito. Desde allá arriba lancé el mayor alarido que jamás se hubiera oído en la tierra. Nadie detuvo su discurso. La algarabía siguió su ritmo frenético. Volví a intentarlo una y otra vez aportando al chillido nuevos tonos, mayor profundidad, impostura de voz... nada resultó eficaz.

De repente, como por embrujo de una llamada divina, comenzó a deshacerse la reunión y alguien de entre la multitud levantó la vista; sus ojos se toparon con los míos, su mirada estaba hueca, vacía, sin norte, comprendí entonces que allí nadie iba a escuchar, la única finalidad de esa extraña asamblea era vomitar demonios ante un público indiferente y marcharse a casa igual de sordo pero limpio de culpa.

No presté atención a nada más, sólo pensé: maldito país de sordos.

 

Publicado la semana 11. 18/03/2018
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