Semana
38
Xavier H.

Marionetas (2)

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Relato
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Al amanecer, todos los que habían escuchado comenzaron a comentar acerca de lo sucedido la noche anterior. No dudaron en rumorar que esto se debía a la llegada de el titiritero al pueblo  ya que anteriormente nada de esto ocurría.

-debe tener pacto con el diablo.

-Esas historias que cuenta traen mala vibra solamente, decían en un molino donde temprano acudían las amas de casa para moler su maíz y convertirlo en masa para tortillas.

-Esto no es de Dios

-sus muñecos deben ser diabólicos.

-Además, nadie lo conoce, llegó aquí de la nada.

Manifestaban en la panadería de don Goyo entre sus panaderos y clientela.

Mientras en la posada los comentarios fueron mínimos ante el hecho,  el último en salir fue el titiritero, atendido por la viuda Gómez.

-Qué noche señor, algo rara

-eso note mi señora, aunque el cansancio y frío me llevaron a profundo sueño solo alcance a escuchar vagamente una bestia correr por alguna calle.

Después de desayunar partió hacia su carpa, barriendola y limpiandola para su tarde de función, la cual ya no resultó un lleno ante los rumores de la gente, solo dio una esa tarde y un poco intrigado volvió temprano a la casona

-nada bien esas funciones verdad? le comento a viuda al servir la cena

-no, al parecer ya todos estuvieron en mi carpa, creo me quedaré por tres días más

Nuevamente el frío intenso y la espesa niebla llegaron al pueblo. Por la noche la gente dormía con inquietud en espera de escuchar algo extraño de nuevo.

Y lo esperado llegó, nuevamente la bestia recorriendo otra calzada y su arrastrar de cadenas, solo que ahora acompañada de un grito que se fue perdiendo en el recorrido, nadie salió, solo rezos como murmullos en muchas casas donde escucharon tan tenebroso y escalofriante ruido.

Nuevo día y había noticias, Goyo el panadero desapareció, su último lugar, una popular cantina del pueblo, de donde se retiró a la media noche bastante borracho.

-Seguro el grito era de Goyo, la bestia extraña se lo llevó.

-Algo anda mal y se debe a la llegada del raro muñequero, él debe de saber que es.

El titiritero fue requerido por la autoridad del lugar.

-Mire amigo… La gente atribuye los que se ha manifestado a su llegada y quiere que se vaya de este pueblo, esas cosas raras pues no mas no sucedían aquí.

-Hay un hombre perdido mientras lo raro sucedía por la noche, sabemos que usted no se movió de la posada de la viuda Mercedes,  ella lo confirmó y le creemos.

El espigado hombre sin inmutarse solo encendió un puro y manifestó:

-Mire comandante, he estado en muchos pueblos y jamás habían sucedido este tipo

de situaciones, sé que mis títeres causan un poco de miedo y las historias que cuento   acentúan más a este, pero esas leyendas son ciertas; tal vez comiencen a suceder en este lugar.

-Solo deme los dos días en que vence mi estancia dentro de la posada y a primera hora partiré de aquí.

Consciente de tal situación decidió ya no dar más funciones, levantó su carpa guardó todo en esa gran carreta la cual llevó a un costado de la posada.

Ya no salió más por temor a enfrentar a la gente, solo se dedicó a escribir lo que estaba aconteciendo durante esos días.

Esa misma noche el comandante salió para tratar de averiguar algo acerca de lo que sucedía, gente que escuchó sus pasos asomo por rendijas identificándolo conforme avanzaba hacia la posada, perdiéndole entre la humeante neblina con brisa.

Una vez más, el galope a alta velocidad y un grito aterrador, solo que ahora si algunos hombres se dieron el valor de ver por las rendijas y a lo lejos un caballo negro y la silueta del jinete con un cuerpo lazado colgando de la bestia perdiéndose en la calzada que llevaba hacia el panteón a la salida del pueblo.

Tan pronto aclaro la mañana no se hizo esperar la salida de la gente a las calles

-era una bestia grande, arrastraba  un cuerpo pero no se distinguía al jinete, debe ser el diablo...

(continuará)

Publicado la semana 38. 20/09/2018
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