Semana
05
Tomi

MÁS HUMOR- LA CHICA DE LOS QUINCE MINUTOS

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Me llaman “ la chica de los quince minutos “. Siempre, siempre, por muy importante que sea la cita que tenga, llego tarde 15 minutos. Mi madre nunca se enfadó por eso. Un día me dijo que era de nacimiento. Nací en el mismo momento en el que el general Tejero daba unos tiros al aire en el Congreso de los Diputados.

   Según me contaron, alguien empezó a chillar en la sala de al lado donde mi madre me daba a luz, y la matrona que la estaba atendiendo, nerviosa por no poder ver lo que estaba ocurriendo, metió la mano dentro de mi madre, y cogiéndome del cuello, tiró de mí, me soltó sobre el vientre de mi progenitora, y se fue a ver qué pasaba en el congreso. Así que puede decirse que mi llegada al mundo pasó inadvertida para todo el mundo. Para todos, excepto para mi madre.

   Ella, viéndose sola, se las arregló para coger unas tijeras que había en una mesa con instrumentos médicos, cortó el cordón, le hizo un nudo, y acostándome a su lado, se dio unos golpes en la barriga hasta que pudo expulsar la placenta. Luego me dio unos azotes en el culete y cuando vio que lloraba como una descosida, me metió su teta en la boca y nos dormimos las dos.

   A mi madre, con 20 años, y a mí de tan sólo 10 minutos de vida, nos daba igual qué estaba pasando en el Congreso de los Diputados, quién disparaba a quién, qué era el congreso y quienes eran esos hombres que se peleaban por televisión.

   Mi madre me dijo un día que ese hombre quería ser rey. Osea, eso del “quítate que me pongo yo”. Y el rey de verdad, el que tenemos ahora, le dio dos galletas y lo llevó a la cárcel. A mí no me pareció justo.

   Al día siguiente le dije a mi seño en el cole que porqué no dejaban ahora que ese tal Tejero fuese rey. “Solo una semanita o dos”- le sugerí.

   Recuerdo que mi seño me miró desde su asiento, se acercó a mí, me soltó un guantazo y me dijo:

   -Cállate, insolente, y dile a tu madre que es ella la que tiene que ir al colegio.

   Se lo dije pero no sólo no fue al colegio, sino que le pinchó las ruedas de su coche para que ella tanpoco fuera.

   -Así no se las dará de lista, la remilgada esa.-me dijo mi madre.

   La seño nunca supo quién le pinchó las ruedas pero eso no le impidió seguir yendo a clase.

   Cuando tenía 4 ó 5 años le pregunté a mi madre por mi papá. Mi madre me dijo que hizo un viaje astral y ya nunca se supo. Yo no sabía lo que era un viaje astral, pero mi abuela Trini me dijo que era un viaje a Australia, un país que está en otro planeta y que la nave se estropeó y no podía volver.

   Me lo imaginé viviendo con bichos verdes, con antenas como las que tenía la tele de mi vecina y empecé a hablar con él asomada a la ventana, utilizando la aguja de hacer punto que usaba mi madre para desatrancar el fregadero.

   Pero otro día mi abuela me contó que mi padre se había perdido mientras hacía un laberinto en la puerta de mi casa. Le pregunté que para qué era el laberinto y me dijo que para que los espíritus malos no encontrasen el camino para entrar en casa.

   -Así que papá era un espíritu malo, ¿no?-le pregunté yo.

   -No hija, -me contestò.- lo que tu padre era es un sinvergüenza.

   -Pues eso.-le contesté.- un espíritu malo. Devolví la aguja al fregadero y me olvidé de él.

   Cuando se aproximaba mi décimo cumpleaños, en el cole nos pidieron que escribiésemos en   un papel qué era lo más importante de nuestra vida y yo escribí.

   -Tejero y mis 15 minutos.

   -¿A qué Tejero te refieres?- me preguntó el profesor.

   -Al de los tiros.-le contesté. Y me miró algo raro, el hombre.

   En ese momento no me dijo nada, pero cuando me iba para casa me preguntó qué tenía que ver Tejero con mis 15 minutos y que qué sabía yo de Tejero.

   -Pues era un hombre que quería ser rey,-le expliqué- y como no lo dejaron, cogió su escopeta de matar jabalíes y se lió a tiros y por su culpa, la matrona me sacó a tirones de la barriga de mi madre, 15 minutos antes de que me tocara salir. Una faena, vamos,

   El profesor me miró con ojos como platos y después casi se desternilla de risa. En mi propia cara.

   -Pues el no se reía después, profe.-le dije.- el rey verdadero le dio dos tortazos y lo encerró en la cárcel todos los día de su vida.

   Esta mañana, 20 años después de aquella conversación, he tropezado con aquel profesor. Me ha reconocido y me ha preguntado que cómo llevo lo de mis 15 minutos.

   -Todavía los echo en falta.-le he contestado. Y ha vuelto a  reirse como aquel día.

   Y es que 15 minutos, son 15 minutos. Y es mucho tiempo.                                

 

Publicado la semana 5. 02/02/2018
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